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sábado, 30 de abril de 2016

De cuando sangra el cobre, el alma y la palabra misma

Con Alfonso Pedro y su libro  Cuando sangra el cobre
Justo hoy hace una semana de la presentación del libro Cuando sangra el cobre de Alfonso Pedro en Nerva, en el emblemático salón de nuestro Casino del Centro Cultural y en dentro de la Gala de Entrega de Premios del II Concurso de Microrrelatos Intantiles, del que específicamente hablaré en otro post. Pero es difícil, y mucho. 

Se me hace difícil  transmitir todo lo vivido y sentido  al presentar al amigo Alfonso que, a pesar de conocernos de poco  y gracias a algún amigo en común que nos acercó su estima recíproca-, parece que nos tratamos desde hace años... Será por su novela que  me ha llegado hondo, mucho más allá de las profundidades de la mina, la que nos envuelve, allá por nuestra alma, recubierta toda de raíces mineras, de cobre, de azufre y de tierra herida de sangre y sudor de nuestros padres y abuelos.  Será... no sé. Quizás... ya sé: la palabra misma... Y por eso aquí os dejo las mías, aquellas palabras que enuncié en la tarde del sábado 23 de abril cuando presenté a un grande en mi pueblo, en Nerva, en nuestra Cuenca Minera de Riotinto: Alfonso Pedro. 

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No os imagináis el placer tan grande que siento el estar hoy aquí, en mi pueblo y en este salón del Centro, de nuevo a rebosar. Porque no me digáis que el marco no es incomparable: 

  • 23 de abril, día del libro, cuarto centenario de la muerte de Cervantes, de Shakeaspeare y de Garcilaso de la Vega.
  • Que además aquí en el Centro Cultural lo conmemoramos rodeados de los más pequeños y por eso lo  hecho coincidir a conciencia con esta  Gala de Entrega de Premios de la segunda edición del Concurso de Microrrelatos Infantiles, una cita para mí muy entrañable, un proyecto en el que he colaborado intensamente desde su creación  y que, por tanto, siento muy mío.
  • Y a la que este año hemos sumado la presentación de una novela que está siendo todo un éxito editorial y cuyo autor tenemos la suerte y el orgullo de que sea uno de nuestros paisano,  mi cómplice de versos de paz, y al nos une una pasión compartida por estas tierras rojas, la Cuenca Minera de Riotinto, esa que nos vio nacer y a la que permaneceremos ligados de por vida por muy lejos de ella que nos encontremos: Alfonso Pedro Domínguez.

Y es que sencillamente no encuentro nadie mejor que Alfonso Pedro para ese valor añadido que queríamos darle este año a la gala. Ni mejor novela que la suya,cuyo título no puede ser más sugerente, y más nuestro: Cuando sangra el cobre.

Porque Alfonso Pedro Domínguez es natural de Riotinto, aunque por circunstancias naciera en Huelva capital; se ha criado en la localidad vecina de donde procede su familia y en la que ha vivido prácticamente toda su vida hasta que aprobara las oposiciones de magisterio en Huelva donde actualmente reside y donde compagina la docencia con el amor a su familia y a la literatura. Y es que desde bien pequeño, desde que era un niño como los participantes de este concurso, le ha fascinado la escritura,  sobre todo la poesía. Pero no será  hasta  la muerte de su padre, -e inspirado en las historias que éste le contaba sobre las duras condiciones que vivieron los mineros de la zona tras la Guerra Civil-, cuando se decida a contarlas en prosa y través de esta novela que hoy presentamos en Nerva. 

Cuando sangra el cobre. A Alfonso le gusta definirla como “una ficción no imposible”, “una invención que encubre una profunda verdad”, dice Parreño en el prólogo. Y yo añado, “sencillamente muy nuestra”. Porque cualquiera de los que estamos aquí, niños y no tan niños hemos escuchado historias con muchas similitudes de boca  nuestros mayores, por nuestros padres o abuelos, acerca de lo que se vivió aquí en una época muy complicada no sólo para  la comarca sino para todo el país: de cómo se trabajaba en la mina en aquellos entonces, cómo era el día a día de las familias, el hambre y la penuria que se pasaba, las condiciones de higiene que tanto nos sorprenden ante las de ahora… 

Y Alfonso Pedro da, a lo largo de todo el libro, buena prueba de que es un gran conocedor de la situación de entonces y que, pese a no haberlo vivido de lleno por edad,  se ha documentado casi al milímetro para poder acercárnosla con todo lujo de detalles, de una manera clara y sencilla, con explicaciones pertinentes que contextualizan aún más cada episodio que va sucediendo, aderezado con infinidad de palabras y expresiones muy nuestras con las que  rápidamente consigue ponernos  en la piel del protagonista y de los demás personajes.  Los mineros y sus palomitas de manguara, las mujeres en los lavaderos públicos, las insalubres carros y  letrinas públicas, los bailes de educación y descanso, la esquila y los barrenos...

Y claro, estos detalles además de dar grandes grandes dosis de realidad a la historia inventada, a los que compartimos estas tierras nos llega, y nos llega muy hondo. Es más, puede que incluso podamos hasta reconocernos a nosotros mismos en alguno de esos personajes o situaciones, sobre todo los más mayores,  y así le han llegado comentaros al propio autor: se encuentran semejanzas con  personas de carne y hueso  que vivieron realmente en aquellos años en Riotinto, y también aquí en Nerva, e incluso se ponen nombres y apellidos a muchos de ellos.  

Pero hay más, mucho más que una simple traslación localista de la historia de nuestros pueblos a la ficción.  Porque en esa ficción vivida y sentida en la Cuenca, existe un  concepto vital en torno al  que gira  la obra de Alfonso, y que a su vez va en el ADN de  los hombres y mujeres de esta tierra: el espíritu luchador, ese que lamentablemente parece permanecer adormecido en la sociedad en general y más o menos acomodada en la que vivimos, pese a ciertos conatos que surgen en los últimos tiempos, y que en esta novela se recalca y subraya en rojo. 

Si nos fijamos, el protagonista, Cristobal, es un joven minero que lucha -estamos oyendo bien, juventud que lucha- por mejorar la vida en la mina y en la comarca  ante la sumisión y el miedo reinante en muchos habitantes de la zona por aquellos duros años en los que a la represión franquista se unían los tentáculos del poder inglés y de la toda poderosa Compañía por el suelo y subsuelo de la comarca. Tanta lucha y tanto sacrificio de la gente sencilla en una época convulsa y llena de calamidades que contrasta con los lujos de la colonia anglosajona en el vecino barrio de Bellavista. “Mientras ustedes juegan al cricket, nuestros hijos lo hacen a disimular el hambre”, se puede leer en cierto momento de la novela.

Desgarradora, vibrante y directa. Así es Cuando sangra el cobre. Pero claro, qué hay detrás, porque debe haber algo muy fuerte en del proceso creativo para poder transmitir esos adjetivos tan intensos. Y lo hay. Reside dentro del propio autor que ha sentido y vivido cada letra y cada diálogo, que ha respirado y sangrado con cada personaje, con cada nota de la esquila y con lo agreste y espectacular de los paisajes que rodean su pueblo. Ayer mismo me hablaba Alfonso de lo especial de la novela para él, no sólo por ser la primera que publica, sino sobre todo por lo presente que en ella  está su familia, sus padres… Su padre, aquel hombre bueno, aquel maquinista de malacate que le contaba tantas y tantas  historias mineras a su hijo que ha honrado su memoria de la mejor forma posible y para siempre con esta deliciosa novela.

Peña de Hierro. De Fernando Espinosa
a Alfonso Pedro
Porque podrán venir otros libros, ya sea novelados o en versos, y estoy segura que vendrán y muy pronto;  pero Cuando sangra el cobre permanecerá siempre en este escritor, amigo y paisano de letras y de tierra; porque sencillamente Alfonso Pedro pone siempre su alma sensible al servicio de su puño para llegarnos muy adentro. Como en estos versos suyos que tantos sentimientos de la novela aglutina  y que recito antes de darle paso al autor:

RIOTINTO 

TIERRA roja de cobre y sangre,
de vida derramada, de llanto y de sudor.
Aire negro para almas blancas.
Rincón secreto de piedra dorada.
Bocados en la tierra, laderas de vida despojada.
Sirenas que anuncian heridas,
heridas de muerte empapadas.
Gente que sufre y trabaja,
gente que lucha, gente maltratada,
gente que sueña del alba a la madrugada.
Tierra roja de cobre y sangre,
tierra querida y engañada. 

lunes, 23 de noviembre de 2015

Suma y sigue: #RehabilitaciónPozoRotilioYA

En el blog La Factoría seguimos "en guerra" con la defensa de lo nuestro. Tras el puente de las Majadillas en "mal estado", ahora reivindicamos el Pozo Rotilio y su estado de "abandono y peligrosidad". Desde aquí, - pese a que ya IU lo llevó al último pleno y demás gestiones que estén por venir, esperemos, para darle solución de una vez- también lo ponemos en el altavoz #RehabilitaciónPozoRotilioYA:

S.O.S. EL POZO ROTILIO Y SU ENTORNO CONTINÚAN "ABANDONADOS A SU SUERTE".

El malacate del Pozo Rotilio, en Nerva. Foto: IU Nerva
Aquí en La Factoría, ya nos hicimos eco del lamentable estado de "abandono" y "olvido" que sufría el malacate del Pozo Rotilio y su entorno. Hablamos de 2012, cuando fue salvado del expolio in extremis y en 2013 ante la denuncia del grupo municipal de IULV-CA de Nerva a la que nos sumamos desde este blog.  Precisamente hace unos días, -dos años después-, es de nuevo esta formación la que da la voz de alerta sobre la situación de la zona en cuestión:  "el Grupo Municipal de IULV-CA del Ayuntamiento de Nerva ha presentado una moción en la que solicita la puesta en valor de los terrenos industriales y mineros, que en su día fueron declarados Zona Patrimonial por la Junta de Andalucía, de forma que puedan generar empleo y riqueza para la población de la Comarca. Para ello, la formación izquierdista solicita que, tal y como se contempla en la Ley 14/2007 del Patrimonio Histórico de Andalucía, se cree un órgano de gestión que vele por su conservación, restauración, mantenimiento y divulgación del patrimonio histórico nervense. Además proponen el desarrollo de acciones específicas en el entorno del Pozo Rotilio, ubicado en la entrada del municipio y en un estado de abandono que propicia su desmantelamiento y, por ende, su deterioro", según informa mediante comunicado de prensa, en el que además muestran fotografías bastante evidentes de tal deterioro. 


 Fotos del deterioro y peligro en los alrededores del Pozo  Rotilio en Nerva. Foto IU Nerva

Asimismo, esta situación la achacan directa y claramente a la actitud del Ayuntamiento de Nerva que, - aseguran-  no ha mostrado "el más mínimo interés por hacer que nuestro patrimonio industrial se convierta en motor económico para un pueblo que, como Nerva, lleva demasiado tiempo padeciendo las calamidades producidas por el desempleo masivo y la pobreza que este genera. Pero además, viene después de que denunciáramos, hace también más de dos años, el lamentable estado en el que se encuentra un activo patrimonial tan importante como es el Pozo Rotilio: incluido en el catálogo de Bienes de Interés Cultural de la Junta de Andalucía, abandonado a su suerte, fruto del desmantelamiento por parte de quienes tienen que buscarse la vida vendiendo chatarra a causa de la falta crónica de empleo y, sobre todo, presentando una serie de peligros para quienes pretendan disfrutar del mirador que, cuanto menos, deberían sonrojar a quienes ostentan el poder municipal.(...)"- según las declaraciones de la portavoz izquierdista Isabel Lancha  recogidas en el mismo comunicado. 
Lee la denuncia completa del grupo municipal de IULV-CA de Nerva, pinchando AQUÍ  
Sea como fuere, -sin entrar en los típicos dimes y diretes políticos de unos y de otros que tan poco nos gusta-, lo cierto y verdad es que el entorno del Pozo Rotilio presenta, -como otras muchas de nuestra zonas mineras, veáse el Puente de las Majadillas, del que recientemente hablábamos en el blog-, un estado más que lamentable y que, como aseguraba la administradora y periodista de La Factoría Carmen Alcázar en el artículo dedicado a la necesidad de conservar, mantener y rehabilitar nuestro patrimonio minero-industrial de la comarca,  si no ponemos remedio a tiempo nuestro Pozo Rotilio y su entorno sólo lo podremos enseñar a las generaciones venideras,  al igual que toda nuestra Cuenca Minera de Riotinto, "mediante imágenes desgastadas y en amarillo."
Conoce más sobre el Pozo Rotilio, aquí en La Factoría 
"Anhelos". Foto: Antonio Romero
Puesta en valor del Patrimonio Minero  e Industrial de la Cuenca Minera de Riotinto: Pozo Rotilio. Ese fue precisamente el leivmotiv de la exposición de 2014 “Rotilio, poema visual”, del fotógrafo Antonio Romero y nuestra administradora de La Factoría, Carmen Alcázar y que,  mediante fotopoemas se trató entonces de sacar del olvido y poner en valor los paisajes mineros señas de identidad minera de Nerva: el malacate del pozo Rotilio, “un buque encallado en las orillas del rio Tinto, junto al que  de niño  jugaba en el llano de Marismilla y del que quedaron grabados flashes de imágenes de este malacate que aún permanecen en mi mente y que he plasmado en las fotografías que componen esta exposición”, aseguró  Romero entonces. 

Y entonces ¿qué? Con toda su historia y las huellas de nuestro pasado, con toda su majestuosidad reflejada en el Tinto y la  belleza natural que enamora a todo el que lo ve, allá a lo lejos desde Nerva o desde Marismillas, ¿vamos a dejar que, - parafraseando a Romero- nuestro buque del Rotilio se hunda?

Urgen respuestas y aún más acciones. 

Vamos: #RehabilitaciónPozoRotilioYA

jueves, 12 de noviembre de 2015

Hacia la #RehabilitaciónPatrimonioMineroYA

“(…) Es hora de ponerse las pilas,  de aunar fuerzas de una vez por todas, de abandonar los localismos absurdos en los que nos perdemos, de tomar conciencia de Comarca, y de luchar  juntos para que la Cuenca no suene sólo a vertedero y contaminación, a intereses y estrategias políticas, por conseguir que nuestro patrimonio tenga un destino mejor que  el  cementerio de las chatarras”

Así acababa mi primer artículo en Zalamea Noticias en 2011 sobre la necesidad de mantener y conservar nuestro patrimonio minero e industrial, o lo que va quedado, claro, más allá de citas electorales. Lamentablemente, esas palabras siguen vigentes por más que pasen comicios municipales, autonómicos o los generales a los que ahora nos acercamos. Y así, -a la espera de promesas como la famosa “via verde del Tinto” y sus correspondientes medidas o subvenciones para el mantenimiento y conservación del entorno-,   asistimos al desmantelamiento de lo nuestro, de nuestra historia y nuestras raíces; asistimos al desplome de nuestras señas de identidad y  al olvido de lo que un día fuimos con la dejadez de lo que somos y lo que nunca serán  ni verán ya las generaciones venideras. 

La última, por citar una reciente, y sobre la que hemos denunciado estos días en el blog La Factoría con el hashtag #RehabilitaciónPuenteMajadillasYA: el Puente de Las Majadillas o  también conocido como Puente de Los Mineros, una joya de nuestro entorno, muy nuestra y para el uso- disfrute de senderistas y amantes del río Tinto que, de momento, no podrán utilizar para sus rutas por nuestros bellos paisajes. Y es que hace unos días, el Ayuntamiento de El Madroño (Sevilla) se ha visto obligado a poner un cartel de "Prohibido el paso" por la pasarela peatonal del Puente de las Majadillas o Puente de los Mineros sobre el río Tinto ante el "mal estado" y "el riesgo de desplome" en el que se encuentra: "Es una medida necesaria para velar por la integridad física de quienes disfrutan de este paraje. Ojalá en breve podamos ofrecer la extraordinaria noticia de que nuestra "joya" ha sido rehabilitada. Hasta entonces, se ruega respetar las seňales", explicaban desde la fanpage 'El Madroño se mueve'.

Puente de Las Majadillas.
Foto: El Madroño se mueve 
El puente de las Majadillas de El Madroño es un viejo puente peatonal situado sobre el río Tinto que enlaza las provincias de Huelva (término de El Campillo) y Sevilla (término de El Madroño), ya que el río constituye la divisoria entre ambas. De unos 40 metros de longitud lo utilizaron los mineros de Río Tinto para salvar el río y además poder acceder a la ribera sevillana en cuyo lado existía una taberna, hoy en día derruida, en la que consumían el aguardiente, el famoso "maguara". El uso actual  hasta ahora era de tránsito para senderistas que hacen turismo ecológico en este paraje natural, enlazando el camino que procede desde la cercana población de El Madroño con la línea férrea del tren turístico minero por la antigua vía de transporte del mineral extraído en las Minas de Riotinto  y que recorría la provincia hasta el muelle de Huelva.

Así pues, a esas generaciones venideras y a nosotros mismos en un aquí y ahora, podríamos enumerarles entonces mil y uno de los vestigios de nuestro pasado minero y ferroviario ultrajados y vendidos al peso;  podríamos enseñarles cómo dejamos  que crezca la maleza entre las ruínas de los lugares donde nuestros abuelos trabajaban y vivían a diario por estas tierras; o mejor aún, podríamos explicarles cómo  dejamos que se ahogue  en agua agria nuestro BIC más preciado, la Corta Atalaya, o  lo que se escucha últimamente, cómo se planea para ella una muerte sin cabe aún peor: ahogada y enterrada con  vertidos de aquí y de allá… 

Posiblemente, en unos años, por muchos hashtag que creemos - y si no ponemos remedio a tiempo para variar-, sólo podamos enseñar nuestra tierra, la Cuenca Minera de Riotinto, mediante imágenes desgastadas y en amarillo.

También puedes leerlo en Zalamea Noticias, AQUÍ

martes, 22 de febrero de 2011

A mi maquinista de las estrellas,...

Desde siempre, hay noches en las que la nostalgia minera me invade, esa que a veces dejo impresa aquí en Yo Periodista y también en La Factoría,...Y logro disfrutar con el rojo violáceo del río Tinto ya desde su nacimiento en el cerro San Cristóbal... Y entonces, escucho a lo lejos el silbido de tu locomotora cargada de mineral que se acerca a Zarandas; y allí, tú, un ferroviario de pró me saludas con una leve sonrisa. Entre el humo, consigo ver como tilitan tus ojillos redondos, tu pelo parece tiznado de grises, y en tus bolsillos, se esconden dulces que alumbran las caras de tus nietas al verte llegar.

El maquinista y sus nietas, 1994. Foto: Colección Familia Alcázar

A veces, presiento que caminas a mi lado, atento de que no me caiga como cuando me enseñabas a montar en bicicleta por las calles del Valle La Cuenta,… Y dábamos paseos interminables hacia El Ventoso o al Canario,...Y tú, ¿te acuerdas? amarrabas una cuerda a la parte da atrás de mi bici azul para que no me alejara demasiado,...

"Una, dola, tela, catola, quila, quinete, estaba la reina en su gabinete. Vino gil apago el candin, candin ,candilón, cuenta las veinte que las veinte son, policia ladron, naranja limón,..." Canciones que recitábamos contigo, y juntos reíamos con la de "mañana es domingo, se casa respingo, con una gitana, ...", o incluso bailábamos con la de la lagartija costurera,... Y me contabas tus historias interminables y casi increibles en los caminos de hierro: la anécdota del ovni, las peripecias más accidentadas, la vida de antiguas estaciones,... Y yo, apenas una niña, escuchaba sin perder detalle, miraba observante de todos tus movimientos, de tu manera de hablar, de tu caligrafía elegante y romántica, de las horas y horas junto a tu maqueta en tu museo ferroviario particular,.....


Una de las pasiones del maquinista, sus nietas Mari Carmen y Soraya (1994) . Foto: Colección familiar.

Y esos ojillos redondos destelleaban orgullosos entre mis pinceles titubeantes de entonces que quisieron reflejar tus explicaciones en el cuadro ferroviario y minero que pinté en tu patio, -en donde tantas y tantas veces preparastes las aceitunas con el mejor aliño del mundo o las habas enzapatás que tanto nos gustaba comer-, ese cuadro que te regalé sin saber que poco tiempo disfrutarías ya de él,...

El maquinista Paco Alcázar y su nieta, ésta que escribe, junto al flamante AVE en la Expo 92. Foto: Colección Familia Alcázar


Pero, nuestras siluetas se pierden por la senda que marcan las vías ya 'rujentas',... "¿Quién anda en el baúl?", - me preguntas. En el baúl de mis recuerdos, maquinista ahora de las estrellas: allí te guardo yo, entre paños de croché y maquetas de trenecillos,..

Y quisiera ver la vida como tú la viste, abuelo, enganchado a tu locomotora de estrellas descubriendo los paisajes más bellos viajando a tu lado toda la eternidad.


El maquinista supo transmitir muy bien a los suyos su pasión por el ferrocarril . La familia Alcázar-Domínguez en una convivencia de la Asoc. Amigos del Ferrocarril (Jerez de los Caballeros, 1994). Foto: Colección Familia Alcázar

Hoy, 22 de febrero, cumplirías 81 años, mi viejo maquinista de las estrellas. Quizás tu pelo estaría hoy aún más tiznado de plata y tu piel ya no estaría tan tersa ni brillante, pero estarías aquí, a mi lado, alentandome a seguir hacia delante sin mirar atrás, animándome cuando el estrés de la vida me invade, cuando de noche a veces lloro en silencio...Sin embargo, hoy 22 de febrero tu ausencia se nos hace más honda si cabe, porque hace quince años que emprendiste tu viaje celestial para no regresar, y del que nos quedará de por vida la sensación de que tu partida fue demasiado pronto, siempre antes de tiempo,...


Nota: Sigue el sentido homenaje a este ferroviario nervense en La Factoría, pinchando AQUÍ.

martes, 25 de enero de 2011

Martín Gálvez dibuja sus recuerdos para la nueva sección de La Factoría

Los recuerdos no son más que "historias universales que nos unen por encima de diferencias ancestrales. Rascar la patina de una foto grisácea, arrugada por el tiempo, buscando el pasado,...". Esta idea tomada del discurso inaugural de Martín Gálvez para Artistas Plásticos Nervenses I en Nerva es la que inspira la nueva sección del blog La Factoría: 'Dibujando Recuerdos'.

Dibujando Recuerdos' surge con la serie de plumillas de Martín Gálvez titulada 'El principio del fin' realizado "para dar testimonio (mi testimonio) de la época de los cambios, cuando todavía quedaban vestigios, (destrozados), de una época dorada,... era el principio de los años ochenta", como el mismo artista explica y que gustosamente ha cedido y comentado para el disfrute de todos los seguidores de La Factoría.

Coge lápiz y papel, comienza 'Dibujando Recuerdos' en La Factoría y con un maestro de excepción: el nervense Martín Gálvez,...

Estación de Nerva y Pozo Rotilio (por Martín Gálvez)


Plumilla Estación de Nerva y Pozo Rotilio (serie El principio del Fin), por Martín Gálvez.

La estación de tren, punto de ebullición de idas y venidas de la gente de Nerva. Rojas tejas, entrada amplia, choques de maletas, penumbra, ventanillas y puertas pintadas de faro verde,... cristales ahumados y en el andén, olor a esperanzas, a desesperanzas y a humedad.
Al final de las vías, el depósito de agua para abastecer las sedientas locomotoras,... Locomotoras que avisaban mucho antes de su llegada desde el viejo campo de fútbol; los extintores en forma de cono esperaron toda una vida para ser usados.
A la izquierda, un pequeño huerto que habría hecho las delicias de mi padre, Felix Martín Acemel, de profesión "jefe de estación de ferrocarriles de vía estrecha" en la "Estación del Medio"; su ilusión, (vana ilusión), había sido vivir en este edificio, restaurarlo y disfrutar del pequeño huerto,… (Pincha AQUÍ para leer más)

lunes, 14 de septiembre de 2009

José Manuel Torres Ayala recorre las tierras rojas en La Factoría

El joven nervense José Manuel Torres Ayala, estudiante de 4º de Periodismo en la Universidad de Sevilla, ha colaborado con el blog La Factoría con "Entre Marte y el centro de la Tierra": un artículo lleno de color y fuerza con el que Torres Ayala hace un recorrido por los atractivos de su tierra, nuestra Cuenca Minera de Riotinto.


Inspiración de poetas,

tierra de artistas,

lugar de contrastes

y de colores inusuales. Minas a cielo abierto

que abrazan

el corazón de la tierra

y un río que parece

souvenir de una misión a otro planeta.

J.M. Torres Ayala


La Cu
enca Minera de Riotinto se asienta sobre una tierra distinta, que no existe en ninguna otra parte del mundo.

Es un lugar de mezclas, de salvaje explotación de los recursos que ofrece el medio ambiente y de respeto a la naturaleza. Es un lugar de colores variopintos, el rojo se funde con el naranja y éste a su vez con el blanco y todos ellos con el gris y de repente llega el verde, el color de la esperanza nos indica que nos encontramos a escasos pasos de la sierra de Huelva.

El enigmático Río Tinto, la grandeza de Corta Atalaya, el embrujo de Peña de Hierro, los malacates, esos elevadores que sumían a los obreros en los abismos de la tierra y que los depositaban, insignificantes, en los cavernas que surcaban las entrañas de la cuenca; las chimeneas, los restos de las teleras, los embalses o las viejas máquinas, las vías del tren y sobre todo el corazón de cada uno de los mineros que supo llegar a labrarse su conciencia de clase y levantarse ante el colonizador todopoderoso,… todo eso es la Cuenca Minera de Riotinto.


Corta Atalaya
Si alguna vez el hombre, en su afán por conquistar La Tierra estuvo cerca fue en Corta Atalaya. Los humanos jugaron a ser dioses y quisieron llegar al corazón del mundo en el que vivían. Armados de valor y fe cavaron sin cesar derramando su sangre y su sudor, esparciendo parte de sus vidas sobre la tierra que socavaban.
La obra se fue haciendo escalonada, apoyada sobre baldas de tierra cobriza que refulgían al contacto con el Sol. El brillo y la belleza fueron llamando la atención del Todopoderoso, que desde su privilegiado balcón en las alturas, marcaba el son, cual capataz de la exhumación de la hermosura.

La brecha fue tomando profundidad y curiosas formas. Como un laberíntico y encaramado sendero, la tierra mostraba el camino que el hombre debía seguir para llegar al abismo. Cavaron y cavaron, metros, cientos de metros hasta llegar al final. La obra era ensimismadora, su capataz se felicitó por el trabajo bien hecho. Las generaciones de trabajadores quedaron fascinadas con el resultado y todas las personas, dichosas, que alguna vez han podido visitarla han quedado estupefactas. Nadie pensaba que la tierra que a diario pisaban pudiera esconder tal cantidad de hermosura.

Las joyas y minerales preciosos que esta tierra albergaba fueron a parar a las dulces manos y refinados dedos de alguna pulcra dama, pero la riqueza más importante que de ella emergió, que no tiene valor material, pero sí visual, ha quedado y quedará para los habitantes de la cuenca minera, que a diario pueden disfrutar de tal espectáculo natural.

El dinero, el oro y las joyas caerán en el olvido, pero Corta Atalaya, aquello a lo que Juan Cobos-Wilkins llamó El Corazón de la Tierra quedará para siempre grabado a fuego en el pecho de cada una de las personas que alguna vez dejaron reposar sus ojos ante la majestuosidad de sus formas.

Malacates
Llegar a tocar con tus dedos lo que se esconde bajo el suelo, sentir el crepitar incesante de la tierra que el común de los mortales sólo puede intuir bajo la mediación del material artificial en el que se asientan sus zapatos, permanecer en simbiosis con el medio que te rodea. Se dice que los mineros están hechos de una pasta diferente, que son superhombres que aguantan condiciones en las que el resto sucumbirían, que su profesión supone un gran riesgo, que a diario despiertan sin saber si podrán volver a su lecho o encontrarán la muerte entre gosan y pirita.

Para bajar cada día a las catacumbas donde habitan las riquezas minerales, paradójicamente, necesitan ayuda. De algunos de los metales que extraen en su menester diario se fabrican los malacates. Moles de hierro y aleaciones que presiden, solemnes, los cerros de toda la Cuenca Minera de Riotinto. Pueblan el paisaje con su singular figura. Se alzan, toscos, desde el inframundo hasta rozar el cielo, anunciando a nativos y foráneos la ubicación de una entrada a la mina.
Pórticos al subsuelo, que a tempranas horas son odiados por los mineros, pero que tras la agotadora jornada se convierten en el único resquicio de salvación para la ansiada vuelta a la civilización.(...) Pincha AQUÍ para leer el post completo en La Factoría