Bienvenidos a 'Yo Periodista'

En palabras de Goethe, "todo comienzo tiene su encanto", así que si es la primera vez que te sumerges en 'Yo Periodista' quizás seas partícipe del encanto de la profesión periodística desde la mirada de su autora. Si ya has visitado este blog, Yo Periodista intentará transmitirte ese encanto del comienzo....
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miércoles, 25 de marzo de 2020

De confinamiento, meteoritos y vuelta a la blogosfera

Su primer arcoiris. Foto de Josué Correa

Hace dos semanas cayó un meteorito que confinó a los habitantes de la tierra a vivir, por un tiempo incierto,  sin ver la luz del sol más allá de la ventana... 

Podríamos así comenzar un relato fantástico e increíble  de lo que sucede y se extiende en todo el globo terráqueo, por qué no, y echar toda la imaginación posible y más allá  para quitar hierro al asunto. La gente en sus casas, - sigue el cuento- pintaba  miles de arco-iris en las ventanas y se colgaba a diario millones de mensajes llenos de ánimo y fuerza de los balcones; los vecinos  aplaudían cada tarde a los héroes de a pie que están en primera fila de la batalla, al filo de la hecatombe producida, luchando cuerpo a cuerpo en la cruzada, dignos todos ellos de millones y toneladas de ramilletes de admiración y respeto.
Puede que nos haga sonreír esta historia tal y como podemos sonreír a lo largo del día en con los miles de memes  que vemos en el wasap o las redes sociales,  y mucho mejor aún con las ocurrencias de nuestros niños en casa, nuestros campeones, que también luchan como mejor saben:  jugando y bailando.

Sí, podemos disimular a cada rato, pero ya nadie tiene reparo en reconocerlo. Tenemos miedo, y mucho, por los efectos de este meteorito en todos los órdenes de la vida, el maldito COVI- 21, ante sus cifras de expansión descarnalizada y sin miramientos de ningún tipo y sufrimos. Sufrimos leyendo noticias, viendo la televisión, empatizando con los enfermos, con los sanitarios y con los que salen ahí fuera para hacer posible que se sencillamente se viva con unos mínimos de normalidad, o que también se muera dignamente en los hospitales o los improvisados pabellones y hoteles "hospitalizados".

ArcoIris. Por mi Alejandro
Y sufrimos. Sufrimos pensando en la familia que tenemos lejos, en el tiempo que nos dista, en esta alerta improvisada y urgente, con riesgo de incrementarse a lo indefinido...  
Pero lo que no podemos doblegarnos ante él, no dejemos que el #todosaldrábien" sea sólo un slogan políticamente correcto en estos tiempos que tanto necesitamos los ánimos y los abrazos, aunque sean virtuales y  porque no queda otra que así sean en este #quédateencasa que estamos cumpliendo como unos jabatos. Me niego a rendirme, me niego a que este confinamiento mine mi mente, mis ganas y mi fuerza, por mucho que yo no sea ni haya sido nunca la mujer más optimista del mundo. No, claro que no, no quiero pecar de ingenua, veo a diario lo que hay, o lo que nos muestran los medios, y no me cabe la menor duda que ahí fuera,  en el día a día,  es mucho peor.

Por eso, tal y como insistí hace unos días en la radio de mi Nerva, es necesario siempre verle la cara positiva a esta situación, por muy difícil que nos parezca, que lo es, por muy escondida que esté entre las lágrimas que compartimos. Porque sólo así, quedándonos con lo bueno que sale de nosotros mismos ante la caída del "meteorito", - con esa misma ironía con la que canta José Carlos Escobar Perianes-, hará posible que  podamos reflexionar sinceramente y de una vez por todas sobre lo realmente importante, de lo en serio que va  sobre lo efímero de nuestra existencia, sin ir más allá del aquí y del ahora... Ese "meteorito" con nombre de virus va a ser el que nos cambie para siempre, quizás era necesario como en la canción de Rozalén y Estopa  para aprender a valorar, quizás sea este meteorito el  que  nos haga querernos más a nosotros mismos, a los que nos rodean, a la sociedad de la que formamos parte.

Y cómo, cómo mantenernos en pie ante todo esto. Cómo no mirar por la ventana de nuestra ciudad o pueblo fantasma y no echarnos a llorar con el ánimo por el suelo... Desde luego no tengo la respuesta adecuada ni correcta. Sobre todo porque la solución está en cada uno, y eso si que es una verdad como un templo. Sigo con Jose Carlos y su "deja de buscarla fuera, se encuentra dentro de tí" . Hay que rebuscarse ahí, ahí en los adentros, y más  ahora que tenemos tiempo de disfrutarnos para mantenernos ocupados, -que no preocupados-, todo el tiempo en lo que nos mueve, sea lo que sea, en retomar aquello que no hacemos por dejadez o porque nos lo quita el ritmo de vida, vertiginoso cada día, eso sí,  fuera de las cuatro paredes que ahora conforman nuestras horas y horas.  Y en esas ando, en volviendo a las andadas, que dirían los de Cornellá (qué musical me ha salido el post, oye):  ahora que he vuelto a pintar con la ilusión de niña, vuelvo también a  abrir esta ventana mía y a  mi manera, a ver si de una vez por todas no se queda en un intento más ni en agua de borrajas... Abro la ventana y miro a  la blogosfera y a donde me dé la gana, y escribo por mí  y mi bienestar mental y sentimental,  y por supuetso también por todos aquellos que en estos días "encerrados", quieran seguirme, leerme y matar su tiempo confinado con mis retales, mis versos, mis sensaciones,  mis noticias, mis fotos o vídeos por alguno de mis blogs. 

Vamos, corramos la cortina, y comencemos juntos un viaje a la blogosfera, uno de esos que antes hacíamos por estos espacios y con el que consigamos endulzar la maldita cuarentena. Eso sí, será sin movernos del sofá, ya sabes:  #QUÉDATEENCASA. 

martes, 20 de marzo de 2018

De parques, parches piratas y otros devenires

Última intervención en el Parque Infantil Crucero Baleares,
Triana, Sevilla. Detalles de los resultados chapuceros  

Últimamente me rodea demasiado el verbo "parchear" en su sentido más amplio, en el explícito  y en el implícito. Tal vez sea porque estamos viviendo la edad del parche, la de los piratas de 4 años, los de "rompepantalones" y "rompezapatos" porque juega a la pelota en plan Messi y lo "chulo, mami" es tirarse al suelo... Y claro, no damos a basto comprando parches rodilleros, a los que pronto se sumarán hasta coderos, me temo... 

Sin embargo, no sólo existen parches en la ropa del pequeño guerrero. También los tiene el suelo donde juegan nuestros niños, sin paños calientes ni metáfora posible, porque es de vergüenza el "parche" que han puesto en el parque infantil en el que nos pasamos las tardes. Fue hace unos días cuando nuestras esperanzas, -las de los padres y madres de la zona-, se dieron de bruces al ver lo que de buena mañana realizaron unos operarios municipales. Una auténtica chapuza en un suelo de goma en muy mal estado,- sucio, levantado e hinchado y abombado en loseta si y loseta no-, lo ideal para el tropiece y caída de niños que corretean jugando a diario y de hasta los mayores que lo acompañan.

La solución del Ayuntamiento o el Distrito que corresponde: parches de goma a trocitos pequeños a modo de asfalto en bordes y ranuras, lo ideal también para con las gravillas sueltas resbalarse o para que los bebés que comienzan a andar y a investigar prueben a comerselas por más de siete ojos que nos implantamos las madres y padres a esas edades.  Lo reitero, una chapuza en toda regla, un parcheo peligroso que se lleva justificando en la crisis, -no sólo en Sevilla sino en muchos Ayuntamientos, Diputaciones y demás organismos públicos (veáse el vergonzoso estado de casi todas las calles de mi Nerva, muy pocas se salvan); en una crisis que dura demasiado y que tiende a  la dejadez más absoluta, pura y dura de quienes una y otra vez quieren vendernos la moto y que ya no se la compran ni ellos mismos...

Como sinónimo al "parcheo" podríamos utilizar una expresión bastante gráfica y que tanto gusta a cierto amigo mío: "dar una patada para delante a la piedra". En este caso la bola es de goma negra... Porque la piedra, tras lanzarla con el pie, nos la volveremos a encontrar en el camino, más pronto que tarde, por mucho que seamos lanzadores profesionales o astros argentinos, y por muchos parches de piratas que nos pongamos en los ojos. Ahí estará la piedra angular de nuestros problemas sino la atajamos a tiempo y lo vamos dejando y vejando al paso de los días, haciendo agua por todos lados como aquel hundimiento del Albatros que escribía hace unos años. 

Claro que esto ya no sólo sirve para hablar de parques, parches de piratas y juegos de niños. El "parcheo" se da en todos los órdenes de la vida, en busca del mejor parapeto que nos evite golpes y caídas, por miedo, para huir hacia cualquier lado  y no ir de frente siendo uno mismo; para salir del paso como sea, que luego, ya se verá. Porque muchas veces lo he escuchado: somos hombres y mujeres de rutina y  en ese "luego" nos adormecemos en el sofá y dejamos pasar el tiempo, los trenes y hasta la vida perdida entre los baches profundos sin posibilidad de parcheo. 

Pero esto, y otros devenires  de "mayores", será mejor que los dejemos para otro día. 

viernes, 2 de marzo de 2018

Y ahora qué... La vuelta

Zahora, "el retiro de la guerrera", como alguien tituló hace años esta foto
Y ahora que ya no soy la que era
ni seré la que fuí,
que me abandoné con aquel azul
tirado en la acera,
                             agonizante,
como colilla que humea
negra,
sin la luz de aquel verso
que al alma airea,
como última calada que consume
ansioso el tiempo que se va.
Y ahora que ya no vuelve,
que ya no soy,             
                       dime:
                                Y ahora qué.
(Carmen Alcázar: "Sfumatta". Febrero 2018)  

Y ahora qué. Reincido en la pregunta, - más allá de aquel mítico grupo sevillano de rock y punk.  Volver. Sí, toca volver. A bailar, por qué no, por tanguillo si hace falta. Es justo y necesario, tras el parón, tras el repostaje del que hablaba en La Factoría; ese vital, como lo es para mí este blog y su actividad, apegado a mi tierra, a mis raíces, a lo que soy y me da vida. Claro que mis circunstancias han cambiado, y mucho. 
Volviendo a unas líneas más arriba: reincidí y fui madre por segunda vez con todo lo que ello conlleva, harto complicado, como seguro están asintiendo muchas que me leen ahora mismo. Y ahora qué... locamente enamorada de dos pequeños que acaparan mi vida de sol a sol,- como ellos-, vida que intento poner en orden cada día y llevar todo para adelante; exprimir y luchar contra el tiempo para poder volver a ser yo, en medio de una conciliación familiar y laboral que no existe por mucho que nos la quieran vender, y aún menos con los remordimientos del instinto maternal infinito y grande que antepone todo a una misma;  y suma y sigue: con mis horarios imposibles y donde no cabe, no quedan ni minutos ni horas para si acaso tener una inquietud cultural o artística, mucho menos poética.  Y cansada, mucho, como una burra, sin apenas sentarme en todo el día, -pa'qué-...y esto semanas y semanas que pasan sin darme cuenta, dormida a la hora de las gallinas en el sofá... Poco importa, con la felicidad inmensa de verlos crecer y con el "ya descansaré cuando crezcan", -me miento a mí misma. 

Y no, no es una queja gratuita ni un simple un victimismo, nadie me obliga a esto y son muchas las satisfacciones. Sí, y mucho el sacrificio, claro. Sólo hago lo que muchas de nosotras que somos madres hoy en día, sin querer llevarnos el premio a la supermami del mes: hacerlo lo mejor que se pueda y dándoles todo lo que tengamos a nuestro alcance, aunque siempre nos parezca poco para ellos, aunque muchas veces sintamos que nada es suficiente.

Y ahora qué,  pues eso: quiero volver a sentirme "Yo Periodista", volver al encanto del comienzo, ese con el que creé este blog, este espacio que tanto y tanto me ha dado... No sé, lo mismo también en este punto me estoy mintiendo a mi misma y esto sólo sea un arrebato de un rato que me dejan para encender el ordenador y dejar de un lado el puñetero movil,  mi única ventana al mundo últimamente por eso de estar más a mano. Lo cierto es que estoy aquí, queriendo ser yo y tener eso, mi momento, aferrarme a él y hacerlo a mi manera, como siempre, escribiendo sobre lo que me de la real gana, sobre mi tierra y mis raíces, sobre mis experiencias y sentimientos de mami, sobre periodismo y actualidad o sobre cómo hacer una bufanda de ganchillo que nisiquiera sabría como empezar... 

Qué más dá. Necesito escribir, escribir y escribir.  Y sentirme libre.  Y viva. 

Y aquí estoy. Y soy. 

De vuelta. Comenzamos...

martes, 11 de febrero de 2014

El hundimiento del Albatros

Por distraerse, a veces, suelen los marineros
Dar caza a los albatros, grandes aves del mar,
Que siguen, indolentes compañeros de viaje,
Al navío surcando los amargos abismos. (...)
Charles Baudelaire. Las flores del mal. 
Miró a proa y vio en una de sus esquinas emerger agua a borbotones por un pequeño orificio, casi minúsculo, pero con fuerza inusitada; como si de un manantial joven y vivo tratara. Y su sorpresa fue descubrir que no era la única fisura, sino una más de tantas, y más y más que surgían allá donde miraba: a la derecha del mástil, cerca del timón, en la bancada lateral cercana a los salvavidas reglamentarios... Su barca, Albatros, fue construida por su tatarabuelo, -el más grande de los corsarios entre los piratas que decían las malas lenguas-, le había acompañado en infinidad de aventuras, pero hoy ya hacía aguas por todos lados. Por más que le aconsejaban expertos en navegación, incluso venidos de otros países, con su Albatros seguía empeñado a surcar las rutas más peligrosas y olvidadas en lo mapas y cuadernos bitácoras de los grandes navegantes de la historia; allá donde avistaba costas acantiladas escarpadas y con afiladas rocas rompeolas, allí estaba su embarcación circundando la silueta rocosa en busca de arrecifes más exóticos y extraños, auténticos tesoros venerados a su parecer. Así durante los últimos años se había afanado en arreglar sus desperfectos al paso de los años: achicar agua una y otra vez cuando ocurría alguna avería y en poner parches  y más parches, aquí y allá, eso sí, los más resistentes del mercado y con poderes casi mágicos para remediar los achaques de la embarcación heredada de su familia y así seguir su camino. Pero a estas alturas, ya no le quedaba ni uno de los parches a mano y el fuerte oleaje, explosivo ante sus ojos, ya no perdonaba ni un minuto más. Era tarde para salvar su Albatros;  ya ni a aquellos remotos marines reencarnados en las aves que le daba nombre, -y a los que un buen día de tormenta se encomendaron sus ancestros-, podían protegerlo...
Cuando el olor intenso a sal inundó su nariz puntiaguda, sólo entonces se dio cuenta de que literalmente tenía el agua al cuello y no le quedaba otra que salir a flote y nadar enérgicamente hasta llegar a la orilla o recoger sus aletas, ya lacias, y hundirse en  fondo del océano con su Albatros. 

jueves, 6 de febrero de 2014

El hombre que fabricaba burbujas

"Me quiero y me odio a partes iguales". Blogs20  Minutos 
Sus pies cansados de ciudad recalaron en cualquier banco de parque. Observaba como caía la tarde entre el griterío infantil y el run run cotilla de las madres de los siete ojos vigilantes ante el corre-corre de sus pequeños. Él pasaba inadvertido en tal escenario pese a su aspecto dejado y maloliente, como si su atuendo fuera ese que se cosió siendo no mucho mayor que los protagonistas de la escena: la capa de don Invisible.

Sin embargo, de repente él sí advirtió la presencia de alguien a su lado. Sí, al fin alguien compartía su asiento de hierro. Se relajó y lo disfrutó, a sabiendas de que lo que vendría  sería uno de esos instantes mágico de vida en el que él y sólo él sería el único público asistente. La desconocida, agotada de juegos, paseos y demás cuidados de madre, trataba de retener cerca del banco a su pequeño que se afanaba por soplar y soplar en el típico pompero de colores que su papá ganó en el tirapichón de las últimas fiestas del pueblo. Faltaba jabón y faltaba agua, poco le importaba. Ni siquiera sabía qué eran esos ingredientes necesarios para que salieran las pompas. No desistía, sólo repetía el gesto que hacía poco su mamá le enseñó. Y a ella se dirigían todas sus miradas y sus palabras de media lengua para que le arreglara el sorprendente artilugio mágico. Una y otra vez agitaba el pompero, cada vez más fuerte, el payaso de la etiqueta arríba, el payaso abajo... Y nada. Apenas salía del aro expendedor una viruta jabonosa de los restos de la mezcla.
-"Mamá no popas, sa' oto. Maaammáaa, no volan bubuja"..

No, pequeño,no. En estos tiempos de crisis y mentiras, de prisas y desencanto, de  playstation y redes sociales, cierto, ya no vuelan burbujas...- pensó él entonces y se marchó del parque como llegó, inadvertido y en silencio, sin que nadie echara de menos su presencia.

Esa noche apenas pudo dormir. Daba vueltas y más vueltas... "No vuelan burbujas", retumbaba en su mente. Tenía que hacer algo. Creía firmemente que las burbujas eran necesarias, él mismo la necesitaba como salida a la situación precaria por la que pasaba desde que vagaba entre fantasmas semejantes por las filas del INEM. En esas andaba, cuando de un respingo se levantó de la cama y se puso a trabajar en su garaje, no sin antes limpiar el moho que tenían sus herramientas. Dibujó una especie de croquis, al final casi ininteligible por la multitud tachones y más borrones que llevaba, pero al fin obtuvo la fórmula de su invento. Sólo le faltaban los materiales para fabricarlo, ¿cómo lograrlo sin un duro? Muchos de sus vecinos habían denunciado en multitud de ocasiones su habitáculo lleno hasta arriba trastos viejos,  papeles, mantas viejas... y todo lo que recogía de los cubos de basura, todo lo que la sociedad consumista deshecha entender le sería útil algún día - aunque ahora no sabía muy bien para qué. A su paso, cada día sus convecinos y demás conocidos murmuraban lo más que predecible, que era un pobre hombre "levantado de la cabeza", ido desde que perdió su trabajo y a su mujer, y al que el Díos griego Diógenes lo había atrapado en sus redes.
Había llegado el momento de usar mucho de lo que guardaba en su garaje, insospechado taller. Durante dos noches, nuestro personaje se llevó haciendo pruebas y eligiendo los mejores materiales para su invento. Y entonces, siguiendo con los griegos, exclamó: ¡Eureka, burbuja! Ya la tenía: translúcida pero lo suficientemente dura para soportar envistes venideros, ligera de peso pero proporcional a su tamaño, con capacidad para volar por las nubes o rodar por la tierra, -a gusto del consumidor- y con una compuerta con código digital por la que introducirse. Estaba realmente exhausto pero feliz: lo había logrado, ya tenía su burbuja dispuesta para volar.

Bajo un sol espléndido,en la mañana salió a pasear en su burbuja. Los viandantes lo miraban extrañados y le preguntaban qué era aquello que había fabricado. "Es una burbuja a prueba de los golpes de la vida",explicaba orgulloso. Pronto llegaron a  su taller peticiones y más encargos de muchos de los que antes lo tildaban de loco. Corrían malos tiempos, los peores recordados en siglos, y la gente quería y necesitaba de las burbujas. En poco tiempo, proliferaron las burbujas por toda la ciudad, pronto por la provincia y más allá de las fronteras nacionales. Sus ingresos aumentaron considerablemente en poco tiempo y no paraba de fabricar burbujas, no daba a bastos, hasta tuvo que contratar personal que lo ayudara dada la demanda. Todo era sencillamente perfecto, o al menos eso se pensaba: feliz cada cual se protegía en su burbuja de lo que pasaba a su alrededor. Pero claro, siempre surge,-más tarde o más temprano-un pero: en esta ocasión la contraindicación de su invento no era otro que la soledad, el aislamiento, la incomunicación entre familias, amigos, padres e hijos: ya no estabala estampa del principio: los chiquillos jugueteando en el parque y sus madres cuidadoras cotilleando, pero pendientes de sus movimientos;, ya ni se veía ni se sentía esa emotiva ternura madre e hijo porque nada más dar a luz al bebé se le introducía en una burbuja propia para protegerlo... La gente moría sola sin pena ni gloria,  la existencia era cada vez más anodina...

Al cabo del tiempo, como era de esperar el negocio se vino abajo. En su taller, el hombre que fabricaba burbujas se vio obligado a colgar el cartel de "Cerrado. Ya no vuelan burbujas". No, ya no. ya no vuelan - reflexionaba nuestro protagonista- pero cuántas veces en la vida sentimos la necesidad de construirnos nuestra propia burbuja para pasar un tiempo y apartarnos de todo...pero cuán es el precio que pagamos al introducirnos en ellas. Demasiado alto, - aseveraba- un vuelo demasiado alto, a demasiados pies del suelo con una más que probable caída mortal...

Y volvió al mismo banco del parque del comienzo con su ropa roída y su disfraz de don Invisible. Varios pequeños competían echando pompas a volar por doquier, reían y soñaban mientras el esférico jabonoso se desvanecía en el aire, hasta que sus ojos no alcanzaban a ver o hasta que simplemente chocaban con las nubes, el sol o más bien las frondosas copas de los árboles...


lunes, 27 de enero de 2014

De luces, acción y... destiempos

La mano de  E.T
"Su dedo largo y huesudo apenas atinaba a rozar el esférico que antte sus ojos de huevo saltones giraba y giraba,  sin parar ni un segundo, muy muy rápido, casi a la velocidad de la luz, curiosamente la misma luz por la que había viajado tantas y tantas veces hacia el planeta Tierra desde su casa, la que ahora añoraba y a la que no podía ni sabía cómo volver. Y no, no podía. No podía parar la bola del mundo para hacerlo suyo aunque fuera una décima de segundo para asentarse en ella, para sentirse dentro del tiempo, ese tiempo loco, de chasquidos incontrolables, que obsesionaba a sus habitantes estresados". (Microrelato creado por Carmen Alcázar)
Llamando a la mujer acción... Escucho de Alejandro Sanz... Pero no. Hoy, no. Puede que haya días, incluso horas, en que yo misma me autoanalice y me venga arriba, capaz de comerme el mundo y enfrentarme  a lo que sea que venga  y al ritmo que requiera la ocasión para cualquier asunto vital . Pero hay otros, - y supongo que esto nos pasa al común de los mortales en algún momento de nuestra existencia- que como hoy nos paramos a pensar demasiado con la consecuencia de, al final del día, la mañana o la hora, sentirnos incapaces de hacer siquiera de nuestro mundo, eso, sencillamente nuestro. No, no me refiero a lo que muchos estáis pensando, particular y concreto de este momento preciso; hablo más bien de una mirada general, corriendo incluso años a través por lo que me queda por vivir. Sí, lo sé, pensaréis: ¿crisis de los 30? Tal vez...

Sea como fuere: que no, que no me siento preparada para todo lo que está por venir. Mis dedos,como los de la extraña criatura de mi  fantasioso relato de arriba no atinan a agarrar el mundo, mi mundo, para decir "ea! aquí estoy, y aquí me bajo, o vamos a ver qué se puede hacer, voy a tirar por aquí o allá, espera y me lo pienso un rato o dos...". No, no puedo. Mi mundo la mayoría de las veces gira más rápido de lo que yo misma soy capaz de hacerlo correr.

Y mira cómo corre, qué cobarde es el tiempo... No sé si algún físico o científico con valor bombilla tendría la respuesta a la ecuación de espacio y tiempo a la que me refiero, porque si echo la vista atrás me planteo, reflexiono, me asusto incluso al ver cómo en tan corto espacio de tiempo mi esférico,- si diriáse que es azul, claro, cómo no iba a serlo-, ha podido girar tan deprisa, sin darme apenas cuenta, sin que mis ojos parpardearán a la llegada de esa luz dentro de ese tiempo que se evapora, sin más, que pasa por mi vera y yo sin atraparlo en mis huesudas manos. O pasamos. Sí, sí, pasamos nosotros por esa línea de tiempo imaginaria que solemos hacernos los humanos para intentar controlarlo. Así pues yo estoy en un punto llamémoslo "x" del tiempo, de mi tiempo, concretamente -y lo mires por donde lo mires- en un punto "x" crucial del mío, en un punto que lo ha de cambiar todo: desde el color de la luz hasta mi conciencia del puñetero tiempo. Pero, ¡ojo!: en ese punto mío "x" crucial no hay tiempo de adaptación posible, todo, - y ahora si que hablo de ese algo en particular que sabéis los que me conocéis-  llega rápido y veloz, a prisas, sin tiempo de ver si valgo o no por mucho que crea que me he estado preparando para ello. Ahí sí que puedo ya concluir con una misiva imploratoria de esperemos que el instinto, -el humano y el animal- eche el resto. 

Y así se pasó la tarde... y es febrero...  Sí, loco mes el que se avecina y de muchos frentes abiertos, pero evidentemente, no queda otra:  para lo demás, para lo general y para lo extenso del vivir y del sentir, seguiré intentando que mis dedos huesudos lleguen a tocar algún punto de equilibrio en la ansiada bola y así, al menos, aún sin poder parar su giro, pueda sentir mi vida rodada a tiempo. 

jueves, 14 de noviembre de 2013

De sequía

Río Tinto. Foto: Paco Naranjo
"¡Palabras, palabras, todo palabras!". Shakeaspeare: Hamlet, 2º acto, escena II
Hubo un tiempo en que las palabras parecían nacer de mis dedos casi sin proponérmelo: a veces, con alas de mariposas, suaves y delicadas, azules... a la vista de cualquier imagen, al sentir de sensaciones nuevas, al calor de un simple beso o una agradable presencia; otras muchas, afiladas e incisivas como las hojas de un lanzamiento de cuchillos de perfecta puntería... al menos en mi imaginación, claro, y sobre todo ante lo que me circundaba cada día, lo que vivía y sentía aunque a veces fuera por décimas de segundos. 

Y de un tiempo a esta parte, adónde fueron... Tal vez las mariposas se las llevaron a un lugar llamado "X", como si de un expediente extraterrestre se tratara; destino: a ninguna parte. Y los cuchillos, sí, ahí están en un cajón, esperando a que encuentre la piedra adecuada para afilarlos, casi ninguna me lo parece ya, y para cuando encuentro una, cierta indecisión enmascarada de pereza hace que para cuando me ponga al lío la posible diana ya ha huido entre la maleza. 
Y así, vuelta a empezar el día en la misma tesitura. 
"Ojalá que llueva, ojalá que llueva, ojalá que llueva café en el campo" Juan Luis Guerra, 'Ojalá que llueva'. 
Y solemos buscar un escudo para todo, sobre todo ante los ojos que nos miran, recelosos esperando respuestas; y los primeros, los más exigentes, los nuestros propios: "Sólo estoy en un periodo de sequía creativa", -me autoconvenzo-. Seguramente, detrás de esta casi frase hecha y acuñada por grandes escritores actuales - y prepotentes, por qué no- y que suena hasta rimbombante, se escondan diversas circunstancias más mundanas que nos frenen ante el sencillo acto de coger papel y lápiz y escribir lo primero que se pase por la mente; sí, así de sencillo y de complicado a la vez: escribir nuestros pensamientos, por estrambóticos, inconexos o descabellados que nos parezcan,  sin importarnos ni por un segundo si realmente deberían ir directamente al cubo de la basura - o papelera window en su defecto-o si hay alguien al otro lado daría  poco más "un penique" por ellos . 

Pero, sí, como siempre, "la culpa es yo", que como "mayormente" quedaría en las frases y maldichos míticos de la historia de las series de TV con Los Serranos. Pero sí, al final la respuesta está en uno mismo, y ahí ando buscando el porqué de mi falta de brainstorming - que queda mas chic- o lluvia de ideas y/o palabras de los últimos tiempos. 
"Cuando llegue la inspiración, que me encuentre trabajando." Pablo Picasso
Y yo, - lo reconozco- me he dormido en los laureles, tal vez azules. Esos que parecían encumbrarme por momentos a lo más alto y que simplemente me han servido de la mejor almohada para echar esas siestas que a todo español, -por muy topicazo que sea-, nos encanta. Primero, me recosté un poco esperando a que las ideas vinieran por si solos, que viniera pura y desnuda como decía el gran Juan Ramón, y así comenzar lo que podría ser un nuevo poemario tras el Azul. Más tarde, a la espera, encontré una más que posible motivación que yo, y todos mis circundantes, presuponíamos que avivaría mi sensibilidad y de mis entrañas fluirían de nuevo las palabras y los versos ante las sensaciones nuevas que voy experimentando cada día. Ya tenía hasta un posible título y... y ahí me quedé. Porque sin embargo, nada, sólo intentos fallidos sin ni siquiera pasar a un papel o hoja word en su defecto. Tal vez, pienso, deba buscar algo novedoso que me consiga motivar de alguna manera. Tal vez, sigo pensando, deba probar con otro género que no haya  trabajado antes,  la prosa - ¿otra excusa? tal vez...- mira los cuentos por ejemplo,- me digo.; y también tengo hasta posible título, pero "hasta ahí puedo leer"... Y: 1, 2, 3, responda otra vez.

Que sí, lo sé, sólo hay una manera: "déjate de rollos: vive, siente y escribe de una vez", me grito a mí misma cada día. Me he DICHO,sí,.pero... Pero nada, no hay ya lugar a que haya trecho posible: HECHO!!

lunes, 25 de febrero de 2013

Los "arrechuchos" nunca fueron buenos

'Aire incierto' de Pau Torras García
 arrechucho. (De or. inc.).
1. m. coloq. arranque (‖ ímpetu de cólera).
2. m. coloq. Quebranto leve de salud.
Ésta es una palabra que vengo escuchando casi desde que era niña, de origen ciertamente  incierto y en el ámbito coloquial, como bien nos adelanta la RAE; pero, curiosamente este significado literal dista un poco del sentido que al menos yo le doy, -aunque bien pensado se puede asimilar en cada una de las acepciones-, en tanto en cuanto hablo de relaciones interpersonales. 

Arranque del arrechucho. La vida es caprichosa y las relaciones interpersonales de cualquier índole cuanto menos complicadas y más si además pecan de antojadizas.Y ahí entran mis "arrechuchos": por la carencia de materia gris o cualquiera de nuestros colores favoritos, por simple aburrimiento, por modas, por intereses creados, por provechosas relaciones, etc. hay veces, -y a todos nos pasa alguna vez-, que sufrimos un arranque de idealización con alguien que aterriza de pronto en nuestras vidas como un ciclón o un tsunami y que nos lleva sin darnos cuenta a su corriente. Y escuchamos comentarios del tipo: "Menudo arrechucho le ha dado a Fulanito con Menganito..."
Y es que a partir de entonces, ese alguien eclipsa nuestro mundo, lo trastoca y nos aleja, - voluntariamente la mayoría de las veces, aunque otras a la fuerza por exceso de confianza- de todo lo que siempre ha permanecido cerca y a nuestro lado, relevándolo a un segundo, tercer plano o más allá, en la penumbra más absoluta y donde nuestros ojos ni siquiera los alcanza a ver. Sin embargo en esos momentos, poco nos importa;  no necesitamos más que la luz que desprende ese alguien nuevo con el que desarrollamos esa sensación de  sentirnos como niños con juguetes nuevos. De nuestra boca sólo salen alabanzas, todo aparentemente lo hace bien para con nosotros y le damos voz y potestad para ser juez y parte de nuestra vida... Pero no importa, todo es ideal, ese alguien es ideal, es nuestro Dios - o más bien falso dios- y lo adoramos cual vaca dorada a la que nos aferramos, lo empleamos de escudo y mecanismo de defensa, lo convertimos en lo único que nos da sentido, con lo único que nos sentimos seguros y por el que nos creemos capaces de hacer de cualquier cosa.
Uno de los aspectos esenciales de empezar a ver al otro tan alejado de nuestro ideal y distante de lo que fue nuestra imagen inicial, es nuestra propia incapacidad de aceptar en nosotros algo de aquello que criticamos. Jorge Bucay 
Quebranto del arrechucho. Y en el ámbito más coloquial encontramos también otros dichos que no faltan casi nunca a la verdad ya que cuentan con un alto nivel de practicidad y realismo, basados en la experiencia y "en la vida misma", -más allá de la veracidad de los "dramones" de Antena3 durante los fines de semana con su típico "basado en hechos reales": "El tiempo pone las cosas en su sitio". Sencillamente no creo que como ente abstracto el tiempo sea capaz por si sólo de cambiar el estado de las cosas, pero sí el efecto que tiene en nosotros su paso: somos pues los "culpables" que poner y ordenar nuestro paso por el tiempo. Y ahí, justo ahí viene el "quebranto" del arrechucho (de salud, sí, pero más bien mental y anímica). Cuando las modas pasan y los intereses y provechos desaparecen o se convierten en unilaterales, es entonces cuando abrimos los ojos y dejamos que otras luces los traspasen, los encandilen y aprendemos a permaencer   alerta y de par en par. Ya todo ese mundo ideal creado por nosotros mismos se quebranta, se resquebraja, hace aguas por cada poro, es insostenible y no nos queda otra que explotar, para más tarde recomponer los pedazos.
Muchas veces lo admiramos, incluso, y desde ahí podría empezar el proceso de dejar crecer ese aspecto en uno mismo. Cuando este camino se bloquea, la admiración se transforma en envidia. Jorge Bucay 
Y para esos pedazos, volvemos a donde siempre, ya a sabiendas de que existe la posibilidad de que en ese lugar inicial no quede nadie para recomponernos. Pero, somos consciente:  es lo que tiene despegar los pies del suelo, -si acaso sólo un segundo- que todo puede saltar por los aires en el momento menos pensado, y que una vez repensado tal vez nos preguntamos por qué caímos o volamos tan lejos, y que quizás no hayan merecido la pena esos momentos de gloria o ya "falsa gloria" sobre todo a la  vista de los pedazos, momentos y tiempos perdidos.

No, definitivamente, los arrechuchos nunca fueron buenos. 

miércoles, 5 de diciembre de 2012

De portazos, los belenes y otras heridas


La puerta condenada 
Cuando sus pies agrietados atravesaron la última duna, se secó el sudor de su frente con el pañuelo blanco de bordadas iniciales, miró de nuevo y la vio: la puerta yacía allí, llena de desconchados y arañazos, en la inmensidad infinita, pero en pie. Apenas le quedaba ya unas maltrechas jambas y el pomo dorado herrugento. Sin saber muy bien cómo, había sobrevivido casi a prueba de bombas, al paso de vientos huracanados y de oleajes tsunamis  de los últimos tiempos. Corrió hacia ella agotando sus últimas fuerzas.Cruzaría de una vez por todas y sin miedos esa puerta a la que llamaban condenada para surcar otros mares y nuevas aventuras. Pero, eso sí,  la dejaría así, a la vista de todos los peregrinos,  y entreabierta al fluir de sus sueños nuevos y añejos.

Y  de un plumazo, hoy puede que haya cerrado una puerta entreabierta desde hace casi un año, - con sus sofocos, calinas y sus hielos- y convertida en herida silenciosa por distintos motivos,  gestiones y otras problemáticas añadidas que algún día no muy lejano puede que se convierta en protagonista en solitario de uno de mis retales. Puede que en el camino haya dejado muchas miguitas de pan a modo de ilusiones maltrechas que retomaré algún día, ante alguna llama inusitada,- todo es posible-,  pero hoy respiro al menos con cierta carga liberada a mi espalda y ya dispuesta a llamar a otras puertas, ideando otros sueños que, aunque menos azules, no teman a ese cuento del fracaso auto-impuesto a veces como una verja trampa con punzones afilados. 

(...) Abriendo puertas, cerrando heridas. 
que el fracaso es puro invento, 
ya no me vengas con ese cuento, no, no.


Y ahora caigo. Estamos en diciembre, ya en pleno adviento cristiano y a las puertas de un puente de ocio para unos pocos y en el se montan belenes y arbolitos de Navidad. Y es un buen tiempo éste, algo gélido en estos días, para recordar canciones como ésta de la cubana de "sangre caliente", Gloria Estefan (1995) y que seguíamos bailando en  nuestras "casas de navidad" allá por el año 2000, cuando también rondaban ciertas profecías como ahora del fin del mundo. Pues no, no se acabó entonces y aquí seguimos en la lucha de vivir,- sólo es eso: vivir, tan sencillo y tan complicado-, y ya están aquí otras Navidades, y vuelta a empezar en otro año, éste que se  avecina  con mala pata por el número para los supersticiosos y con  no muy buenas previsiones económicas. Sin embargo, son estas las fechas por antonomasia para cerrar heridas, - muchas superficialmente y de cara a la galería- aunque también se sigan cerrando puertas por mucho Belén que hayamos montado. Puertas físicas, como las que relata la Biblia que se cerraron en las narices de la Virgen María ya parturienta y a José el Carpintero, y encima  ahora también desaparece el calor de la mula y el buey gracias a nuestro Papa Benedicto y su nuevo libro, - miedo me dan sus nuevos twits. 

Y qué más nos da todo eso... Así nos tienen entretenidos, desvío de atención para ser más exactos,  para que no echemos a ver el estado real y diario de otras puertas: unas,  las que se abren a patadas y golpes para llevar a cabo un nuevo desahucio de familias enteras, inmigrantes, jóvenes con sueños rotos... y otras, las que se cierran a los casi cinco millones de españoles en la búsqueda de un empleo y un sustento para seguir tirando... Y aquí las heridas están más que abiertas, reabiertas y hurgadas profundo. 

Y cómo parar esto si el mundo por más que queramos sigue girando y girando ante el dedo de unos pocos,  los de siempre. Y cómo, cómo pararlo si estamos rodeados de las otras víboras que pasan por políticos, banqueros, empresarios y nosotros mismos, por qué no, que en un mínimo atisbo de ego enaltecido y falso poder sobre ese bola de cristal  nos vanagloriamos de abrir y de cerrar puertas, -físicas y metafóricas, ¿acaso importan?-  y sirviendo al antojo de nuestro ombligo. 





lunes, 26 de noviembre de 2012

De guillotinas, de desahucios y otras víboras

La Guillotine, de Óscar Domínguez. (1938)
Aquí hay trabajo: se buscan tijeras de acero para recortes, hebillas fuertes que aprieten más y más el cinturón y guillotinas enormes y esbeltas para cortes limpios de cabeza. Razón: la puta vida.
Los peores presagios parecen cumplirse ahora. Se acerca el peor de los finales para este cuento de la lechera convertido en pesadilla: un  triste desahucio de los castillos en el aire y en pleno despertar mañanero. Más allá de nuestros propios posos de café, el recrujir de las tablas lo vaticinaban desde hace meses o incluso años. Con tal tambaleo, nos afanábamos entonces por remendar continuamente con parches algo endebles a la vista de todos pero que se suponían suficientes para ir tirando, para seguir sin más caminando para adelante, pese a no tener un rumbo fijo ni un destino predeterminado: sobrevivir, sólo era eso;  sobrevivir en medio de un desierto gobernado por víboras enmascaradas entre los tiernos corderillos.

Ya corren las horas como una panda de cobardes viles y la espera silenciosa se hace insostenible. El  mutismo reinante en las cuatro paredes de este ring hace de melodía pre-fúnebre en plena agonía, en esta muerte "a pellizcos"  y  más que anunciada en los chascarrillos de los codiciosos sabelotodos a quienes nadie parecía escuchar en los pasillos aledaños y donde habitan ahora miradas empapadas de privativos: desconfiadas, desesperadas y desorientadas por el desconcierto. Porque la verdad esta ahí  fuera y viene vestida con capa negro -azabache, porta guadaña y calza zapatos viejos llenos de cardos. Mas, qué verdad...

Ya flaquean las fuerzas y así se nos percibe cada mañana por más que queramos disimularlo cabalgando heridos de muerte para arengar este ejército de pusilánimes en el que nos alistamos hace tiempo.  Ya de nada sirven los golpes de pecho, los remordimientos y los arrepentimientos que reflejan los "hubiera o hubiese" que nos repetimos unos y otros ante esta realidad de hoy presentada entre frías estadísticas y más números, que nos hace inviables dentro de este espectáculo teatral del que formamos parte. Porque la vida es puro teatro, - ya lo decía la canción- mas, sin embargo, este show no continúa ni a la de tres ni a la de cuatro, o por lo menos,  no proseguirá con los mismos actores, quienes en adelante pasarán muchos lunes como éste pero sin sol. 

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Posos, posaderas y café

 Pablo Picasso - Mujer en el café
Cuando aquel rey de barbas blancas rizadas de aquel reino lejano, siempre lejano,  levantó su estilizado meñique al coger su taza y bebió ante todos de un gran sorbo su café mañanero, todos sus súbditos miraron absortos y expectantes. Mas cuando éste aplastó de golpe sus reales posaderas en su trono dorado y murió de pronto, toda su corte intentó durante largos años venideros descifrar aquellos posos reales de café donde según creían los sabios del reíno en ellos residía la razón de ese momento épico y quien lo descifrara o se acercara a su verdad se haría con la vara de mando, la corona y el reino.
Cafeomanía. Así se llama la "ciencia" o el arte de leer e interpretar los posos del café, un sabio oráculo utilizado ya en el siglo XVII y que puede hablarnos del pasado, descifrarnos el presente y aclarar nuestro futuro. Es decir, pasado, presente y futuro en un último sorbo y por tanto, toda la información vital para manejar  -y engañar también, por qué no- a nuestro antojo, ya sea una persona o un reino... O a lo que nos propongamos.

Porque ya se sabe, quien tiene la información tiene el poder, tanto para la defensa como para el ataque. No exagero, estamos en guerra preventiva continua y sumida en una constante desconfianza de todo el que tenemos al lado, por muy legal que se nos presente en esa "ingenuidad cándida" que algo enmascara y que de primeras no somos capaces de visualizar.  Y en los tiempos que vivimos, cada día están más negros esos posos: pasado, presente y futuro están sumidos en la incertidumbre más extrema, aunque hay quien claro está, tiene más información privilegiada y reservada por una simple cuestión de "amiguismos", "peloteos" y "caretas oportunas" a costa de lo que sea y de quien sea, entre otras estrategias. Y de ellos afloran todo tipo de artimañas ideadas con astucia - sucia-  para, de un sorbo, quedarse ya con lo último que nos queda, la última esperanza o al menos la única que somos capaces de ver en ese momento; ese clavo ardiendo que nos quema y nos quema, pero que es el único que puede salvarnos del hielo. 

Sí, en tiempos de crisis todo vale. Sí, en tiempos de crisis y de guerra, nos peleamos y enjuiciamos a "amigos", "compañeros" y hasta "familia"  por esos posos que nos han dejado otros, -los  poderosos venidos a menos-, una sarta de cafés aguados y llenos de zurrapa en el asiento. 

Es la hora. Es la hora del café, y no precisamente de echar un cafelito de buena mañana  en un kit-kat en la oficina o entre risas a media tarde como si nada ocurriera. Es hora de pelear y sacar las uñas si hace falta por lo que merecemos, desmerecemos, tenemos y damos, pero no voy a ganar esta batalla o guerra pisoteando los cuerpos que agonizan en el asfalto. El juego limpio, siempre, por convicción, aunque yo sea  la que caiga en la primera reyerta. Y los posos de este café, -querido/a- te los puedes meter por tus "reales" posaderas...

lunes, 19 de noviembre de 2012

De distancias

Pollock y su familia 
Dos pasos hacia atrás.  Quizás tres, sí, mejor tres. Miro una vez más con los ojos bien abiertos. Respiro hondo. Torno los ojos. Pienso. Necesita pincelada de aquí y de allá, borrar esto y aquello, redondear los volúmenes, difuminar claroscuros, achicar pendientes... Y vaciar el alma.

Dicen los que saben de esto, los pintores y demás artistas, que a lo largo de la realización de cualquier obra conviene tomar distancia y mirar desde lejos, desde fuera. Es lógico. Pasan horas y horas delante de su cuadro, ensimismados en busca de la perfección de la misma, intentando crear su realidad interpretada desde la ventana, la suya propia, y olvidan incluso hasta mirarla. Están como alienados en su obra, -que diría Marx-. Por tanto conviene distanciarse, dejarla ahí, en reposo, pensarla y repensarla desde lejos, airearse en otras cosas y otros mundos distintos al tuyo propio, para cumplido un tiempo volver a ella con nuevos aires y nuevas luces.

 Que hay distancias necesarias, claro que sí: la distancia referida a mentalidades, pensamientos y sentimientos. Qué sería el mundo sin la existencia de mentalidades/miradas/actos distintas y distantes... No sería mundo ¿no? O tal vez demasiado aburrido, o quizás casi muerto en silencios obligados e impuestos, y no libre...
  Pero claro está, la distancia, como todo, debe tomarse en su justa medida. Porque dos amantes en la distancia por ejemplo idealizan el encuentro con el otro cada día y, llegado ese momento soñado esa espera se hace aún más almibarada, y "se cogen con más ganas", como decimos colegialmente  Pero  ¿y si se alarga demasiado esa distancia y esa espera?... La distancia entonces puede tornarse en nuestra contra y romper/ olvidar/ matar la relación de los dos subjetos objetos de mi ejemplo. Por ahí va esa frase y canción de: "la distancia hace el olvido", o no... O el resquemor in crecendo y de por vida, nos amarga y amarga,  y va minado esta vida que - vamos a otra canción- sólo se vive una vez, caramba. 
  Naturalmente, no hablo en este retal sólo de distancias físicas y a miles de kilómetros, que depende del crisol con que se mire pueden hasta ser beneficiosos, como en el caso de más arriba. Pero es que hay ocasiones, momentos y situaciones en la que dos sujetos/objetos están distantes y a años luz uno del otro, y sin embargo están sentados a diario codo con codo, viven puerta con puerta,  se cruzan por la calle miles de veces o incluso duermen en la misma cama. Son las que llamamos muy tristemente "distancias insalvables", esas que están la mayoría de las veces movidas por orgullos necios y absurdos. El orgullo, ese mal consejero de todas las relaciones interpersonales y que, a veces, sólo a veces, se acalla y se muere, si lo miramos de frente pero con la distancia idónea.  Y tal idoneidad sólo la sabemos definir cada uno y ahí el libro está en blanco y por escribir y podemos hacerlo o no desde nuestra perspectiva, desde nuestra postura a elegir, -a veces sentados de brazos cuzados, otras corriendo para el lado contrario o simplemente tendidos y a verlas venir-... Y nos llevamos toda la vida midiendo distancias absurdas, buscando cánones perfectos e idóneos que nos sirva a nosotros,  a los otros y a los de más allá, sin echar cuenta a que al final todo depende de las  "caunás", - ya sabéis, como decía algun torero, valiente de la vida: "ca' uno es ca' uno y ca' uno tiene sus caunás".

  Vuelta al comienzo: tal vez es hora de tomar cierta distancia para, pasado un tiempo volver a este cuadro de mi realidad interpretada;  tal vez traiga entonces en mi bolso pinceladas nuevas, llenas de fuerzas y aprehendidas de otros ojos, y de los míos propios en plena luz y sin miedos. O no...O tal vez siga perdida en esa distancia que trato - sin mucho éxito la verdad- de autoimponerme en muchas situaciones reales de mi mundo o en mis simples percepciones, qué más da.  Quién sabe,  y lo mejor, qué sé yo...

martes, 20 de marzo de 2012

Materia gris


A estas alturas de la película, me siento tan perdida que ni siquiera sé ya quién es la protagonista de la historia que comencé a escribir hace dos años; si soy yo o un simple espectro de mí que vaga de aquí y allá, como despavorido entre textos, sintagmas imposibles, preguntas retóricas y teorías pragmáticas que difuminan aquella mirada azul etérea, confusa ante el sulfúreo aroma de mi melena precipitada y caótica  sobre mis hombros,.-ya desnudos, ya vacíos-,  y que tan sólo  sostienen ya cierta oquedad oscura y asfixiante por momentos: donde apenas sin aire, sin sustancia, duerme mi materia gris. 

jueves, 22 de septiembre de 2011

Crossroads


Sombras en la noche estrellada,
Dudas y miedos entre olas de amargura,…
Caminos que serpentean a su antojo.
Caprichosa, la vida.

(Mirada Azul)

La vida, caprichosa, serpentea a su antojo. Y nosotros, a la deriva, creemos que sólo cogiendo el timón con fuerza física y levando velas rotas por el oleaje y las inclemencias del temporal conseguiremos llegar a buen puerto. Sin embargo, constantemente nos encontramos en lo que a mi me gusta llamar, pese al extranjerismo, un crossroad: un "cruce de caminos" en el que toca elegir sin más remedio para proseguir nuestra marcha.

Y entonces en esa encrucijada toca detenerse un momento para pensar, manteniendo la cabeza fría y el corazón templado,... Y estudiar concienzudamente el porqué del dilema y tomar una decisión, esto es elegir la opción que entendemos más adecuada para nosotros en un momento determinado de nuestra existencia. Afortunadamente o no, según el crisol desde donde se mire, esta situación que hoy analizo, mis crossroads, se dan en cualquier orden de la vida: desde las pequeñas cosas más cotidianas y efímeras (al menos a simple vista): qué desayunar, qué ropa ponernos, saludar o no al vecino en el descansillo, caminar o ir en bus, tal vez en bicicleta, por un atajo o por la misma ruta de siempre,...Hasta esos asuntos que tildamos de máxima importancia, que hasta se nos llena la boca diciendo que es "lo decisivo","crucial"y, naturalmente, "vital",...

Pero está claro que todo tiene su consecuencia y sus riesgos, y lo que intentamos al fin y al cabo es hacer una búsqueda nuestro particular "Santo Grial" que, lejos de conducirnos al tesoro del aventurero Jones, nos lleve simple y llanamente a ser nosotros mismos en libertad,... Tal vez estemos en el plano de esa " espiritualidad" que nos propone el amigo Jorge Bucay.

"(...) La búsqueda en cuestión ,...
Es un camino sin metas pero con grandes satisfacciones
Es un recorrido sin mapas pero con un rumbo;
Es un sendero único y personal pero abierto a todos.
Es una ruta final pero que puede dejarse en cualquier momento.
Es un viaje que algunas veces no es el resultado de una elección y que, a veces, está siempre lleno de decisiones. (...)". El camino de la espiritualidad.

Y si entra en juego la libertad de cada uno, esa que Octavio Paz definia como "la diferencia entre el SI y el NO". Sin embargo, ¿por qué nos es tan difícil apostar claramente por una, sin titubeos, sin autobarreras impuestas en mil caminos creados? Quizás sea porque a veces la salida está ante nuestros ojos pero el MIEDO a equivocarnos y a los efectos colaterales o no de cualquier elección hace que con un simple rastrillo de playa, -como cuando jugábamos de niños a ser arquitectos-, dibujemos un croquis de infinitas respuestas que más bien parecen ser esos esquemas arbóreos chomskianos que tanto gustaba a algún profesor de lengua,...

Con todo, realmente hay que plantearse ¿qué conseguimos con esto? Si analizamos el tema fríamente,- con esa cabeza fría y el corazón templado del comienzo-, se nos antoja ver que por más atajos que buscamos no logramos más que dar vueltas en el mismo sitio, en un laberinto absurdo construido al paso de los años con tal de no afrontar la vida como viene y discernir de una vez entre las dos vías que nos decía Paz, pensando simplemte en cual de las dos nos hace libre o esclavos, y no sólo pensando en el alto precio que debo pagar por mi elección.

jueves, 7 de abril de 2011

Hacia el ancho del embudo








El trono.
Foto: Martín Gálvez.

"Me sorprendió la escena: el viejo sillón estaba en una hornacina, como esperando a su entronado, pero era imposible acceder a ella. Estaba en un segundo piso, y ya no existía ni el piso, ni las escaleras,… era como un trono al aire,… Y ahora, volviendo la mirada atrás me pregunto ¿quién dejaría el viejo sillón ahí? Tal vez, algún fantasma del pasado que se negaba a deshabitar la Mina-Pueblo,…"



"La ley del embudo: para mi lo ancho, para ti lo agudo" Había escuchado la expresión del ancho del embudo infinidad de veces; sin embargo hace unos días supe entender su significado más profundo,... Porque en todos los órdenes de nuestro día a día, en lo profesional y en lo personal, en lo social y en lo íntimo,..., nos tropezamos con situaciones, con ciertos intereses creados que en los que casi todos aunque sea por momentos vemos en esta ley la única filosofía de vida. Y ahí, de pronto nos encontramos en un auténtico "crossroad", un cruce de caminos, de los tuyos propios y los de los que te rodean,... Y entonces, sólo entonces nace la necesidad de sentirnos más libres, y de una vez por todas conseguir aprender la diferencia entre dos monosílabos: SI y NO (Octavio Paz), y tomar nuestro propio camino respondiendo con firmeza "NO" a las pretensiones de los demás de hacerse simplemente con "el ancho" y relegarnos irremediablemente a "lo agudo". Sin embargo hay que ser conscientes de lo que conlleva esta decisión: "(...) lo único que es necesario es incorporar la capacidad de renunciar a que algunos de los demás me aprueben, me aplaudan, me quieran. (El coste, como a mí me gusta llamarlo, es que cuando una se atreve a decir no, empieza a descubrir algunos aspectos desconocidos de sus amigos: la nuca, la espalda y todas otras partes que se ven sólo cuando el otro se va) (...)". Jorge Bucay, Cuentos para pensar.

Sí, hoy más que nunca asumo ese coste, y descubro ese lado de los que revolotean a mi alrededor buscando sólo su beneficio,... Y así, sólo así, te caes del guindo y descubres el significado de lo efímero del vivir,...
"En sus viajes por los pequeños planetas de su galaxia se encontró con un geógrafo que anotaba, en su gran libro de registro, montañas, ríos y estrellas. El Principito quiso registrar su flor (aquella que había dejado en su planeta), pero el geógrafo le dijo:
-No registramos flores, porque no se pueden tomar como referencia las cosas efímeras. Y el geógrafo le explicó al principio que efímero quiere decir amenazado de pronta desaparición. Cuando el Principito escuchó esto, entristeció mucho. Se había dado cuenta de que su rosa era efímera…". Antoine de Saint-Exupéry, El Principito.

Y de forma inusitada, un buen día sacamos ese principito que todos llevamos dentro y le descubrimos que esta vida es una escuela donde se escribe sobre una pizarra y luego se borra lo escrito, aunque eso sí con una tiza especial.... Y, sin embargo, cuando menos te lo esperas, alguien te habla de matemáticas e irremediablemente te vuelven a salir las ecuaciones que hace tiempo creiste resolver,... De repente, alguien te habla de poesía y sin quererlo te salen pequeños retazos de las que escribistes con el corazón abierto,... Y si te hablan de traición, de desprecios, de desaires, de actitudes inexpicables, de miradas oscuras con o sin causa, de idas y venidas desempolvas el listado de las personas en las que confiastes y que en cierto momento de tu vida te apuñalaron por la espalda sin pensarselo siquiera, presos de las garras de su propio EGO, (sí, así es como lo escriben, con mayúsculas),...

Y, luego, la pizarra se vuelve a borrar sola,...


martes, 22 de febrero de 2011

A mi maquinista de las estrellas,...

Desde siempre, hay noches en las que la nostalgia minera me invade, esa que a veces dejo impresa aquí en Yo Periodista y también en La Factoría,...Y logro disfrutar con el rojo violáceo del río Tinto ya desde su nacimiento en el cerro San Cristóbal... Y entonces, escucho a lo lejos el silbido de tu locomotora cargada de mineral que se acerca a Zarandas; y allí, tú, un ferroviario de pró me saludas con una leve sonrisa. Entre el humo, consigo ver como tilitan tus ojillos redondos, tu pelo parece tiznado de grises, y en tus bolsillos, se esconden dulces que alumbran las caras de tus nietas al verte llegar.

El maquinista y sus nietas, 1994. Foto: Colección Familia Alcázar

A veces, presiento que caminas a mi lado, atento de que no me caiga como cuando me enseñabas a montar en bicicleta por las calles del Valle La Cuenta,… Y dábamos paseos interminables hacia El Ventoso o al Canario,...Y tú, ¿te acuerdas? amarrabas una cuerda a la parte da atrás de mi bici azul para que no me alejara demasiado,...

"Una, dola, tela, catola, quila, quinete, estaba la reina en su gabinete. Vino gil apago el candin, candin ,candilón, cuenta las veinte que las veinte son, policia ladron, naranja limón,..." Canciones que recitábamos contigo, y juntos reíamos con la de "mañana es domingo, se casa respingo, con una gitana, ...", o incluso bailábamos con la de la lagartija costurera,... Y me contabas tus historias interminables y casi increibles en los caminos de hierro: la anécdota del ovni, las peripecias más accidentadas, la vida de antiguas estaciones,... Y yo, apenas una niña, escuchaba sin perder detalle, miraba observante de todos tus movimientos, de tu manera de hablar, de tu caligrafía elegante y romántica, de las horas y horas junto a tu maqueta en tu museo ferroviario particular,.....


Una de las pasiones del maquinista, sus nietas Mari Carmen y Soraya (1994) . Foto: Colección familiar.

Y esos ojillos redondos destelleaban orgullosos entre mis pinceles titubeantes de entonces que quisieron reflejar tus explicaciones en el cuadro ferroviario y minero que pinté en tu patio, -en donde tantas y tantas veces preparastes las aceitunas con el mejor aliño del mundo o las habas enzapatás que tanto nos gustaba comer-, ese cuadro que te regalé sin saber que poco tiempo disfrutarías ya de él,...

El maquinista Paco Alcázar y su nieta, ésta que escribe, junto al flamante AVE en la Expo 92. Foto: Colección Familia Alcázar


Pero, nuestras siluetas se pierden por la senda que marcan las vías ya 'rujentas',... "¿Quién anda en el baúl?", - me preguntas. En el baúl de mis recuerdos, maquinista ahora de las estrellas: allí te guardo yo, entre paños de croché y maquetas de trenecillos,..

Y quisiera ver la vida como tú la viste, abuelo, enganchado a tu locomotora de estrellas descubriendo los paisajes más bellos viajando a tu lado toda la eternidad.


El maquinista supo transmitir muy bien a los suyos su pasión por el ferrocarril . La familia Alcázar-Domínguez en una convivencia de la Asoc. Amigos del Ferrocarril (Jerez de los Caballeros, 1994). Foto: Colección Familia Alcázar

Hoy, 22 de febrero, cumplirías 81 años, mi viejo maquinista de las estrellas. Quizás tu pelo estaría hoy aún más tiznado de plata y tu piel ya no estaría tan tersa ni brillante, pero estarías aquí, a mi lado, alentandome a seguir hacia delante sin mirar atrás, animándome cuando el estrés de la vida me invade, cuando de noche a veces lloro en silencio...Sin embargo, hoy 22 de febrero tu ausencia se nos hace más honda si cabe, porque hace quince años que emprendiste tu viaje celestial para no regresar, y del que nos quedará de por vida la sensación de que tu partida fue demasiado pronto, siempre antes de tiempo,...


Nota: Sigue el sentido homenaje a este ferroviario nervense en La Factoría, pinchando AQUÍ.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Gris

A ciegas, te sigo.
A tientas, te busco
en este mi velero
sin timón ni marinero,..
Entre los grises de la mar
me pierdo,
y entre suspiros al aire
pronuncio tu nombre cada noche.
Pero hoy mi mirada sólo es gris,...

martes, 16 de noviembre de 2010

Un mal sueño

Una señal, un gesto, una palabra.
Y de repente,
silencio, sólo silencio.

Quizás todo sobre,
quizás todo esté dicho,
o tal vez todo sea un mal sueño
del que ansío despertar,...

'De lo onírico' por Carmen Alcázar. (Sevilla, 2008)

miércoles, 27 de octubre de 2010

La vida secreta de los árboles

'Alcázar' por Ángela Arias. Técnica mixta sobre lienzo (100x65 cms). 2007

Siempre he observado con asombro cómo la luz pasa entre las ramas de los árboles, frondosos y verdes algunos o debiluchos y amarillentos otros,… y dibujan siluetas en la tierra, baldías unas, floridas otras. De como, caída la tarde, los rayos de luz, agonizantes, buscan recovecos insospechados por donde pasar y reflejar en la superficie colores nuevos y sin igual: naranjas, rojizos, ocres ,...

Y siempre me he preguntado cómo cuando intentamos reflejar tal estampa lo hacemos dibujando unas copas frondosas y opacas, sin aire y sin luz, sin cabida al movimiento,… como si nuestra particular cámara fotográfica, el ojo humano,- fiel y engañoso a la vez-, hubiera quedado flasheado (perdón por el anglicismo) por esa luz tenue a veces, brillante otras, y que traspasa sin darnos cuenta el entresijo de ramas, tallos y hojas del árbol en cuestión.

Será deformación profesional, -como gustan teorizar algunos amigos psicólogos y filósofos de la vida-, que tiendo a analizarlo todo con cierto matiz pintoresco, colorista a veces, tenebroso otras, pero en definitiva muy a mi manera, como me dá la real gana sin normas estilísticas ni imposiciones de otros, siempre presa de mis sensaciones del momento,… En esta ocasión, en esa incapacidad nuestra de realizar un simple boceto de tan natural escena creo ver una muralla infranqueable de nosotros mismos, un miedo ,-escénico o no- a que esa tenue luz a veces y brillante otras deje entrever nuestro verdadero yo entre los ramajos sobre los que sustentamos nuestra supervivencia en sociedad,.. y consiga hacernos ver debiluchos por momentos, fuertes y déspotas otros,… que muestre ese yo que no es rentable, ese que no vende, ese que no es un producto más del sistema o el antisistema al que queremos y deseamos suscribirnos como sea y del que nos creamos un falso sentimiento de pertenencia sin dejar ver qué fuimos, qué somos y a dónde vamos, sin ser nosotros mismos, los que éramos, los que somos y los que seremos…

Pero pronto nos damos cuenta de que, con el serpentear del paso de los años, esas nuestras murallas infranqueables no son más que los castillos de arena que de niños construíamos en la playa una tarde cualquiera,… y que pronto se convierten en la causa de nuestro llanto de aquella tarde, porque ingénuos de nosotros, asisitiríamos inmóviles y absortos a cómo la mar se los llevaba sin permiso y sin avisar,..