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martes, 19 de febrero de 2013

Entre dos miradas poéticas nervenses (II): Pedro Ferreira, el arte de la sugerencia

Pedro Ferreira, poeta
Tus versos aletean
en las sombras húmedas de mis labios,
al borde del deseo. 
(“Aleteo” en Al límite de la espesura)

Pedro Ferreira Páez (Nerva, 1961) es licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla en 1982. Desde entonces se ha visto obligado a ser una especie de Ulises en cuestión laboral y ha ido “de isla en isla”. Ha trabajado un poco de todo: reponedor, animador, informático…Actualmente trabaja de educador en un Centro de Protección de Menores en Albox, Almería: “de todas las islas por las que anduve la que me ha llenado más es el trabajo con menores con graves problemas de discapacidad. Creo que me hace sacar lo más humano de mi persona”.
Su afición por la lectura y la escritura le viene ya desde su niñez: “mi madre me enseñó a leer con sus fotonovelas, mi padre a respetar la tierra y la naturaleza y mis abuelos a amar la literatura y las cosas poco útiles. También aprendí que casi todo se aprende por sí mismo”. De sus primeros años en Nerva ya publicó sus primeros poemas en Octava Galería, una revista comarcal de resonancias sociales y mineras de su tierra y  hasta escribe una obra de teatro que llega a representarse: Los pájaros y el pequeño príncipe.  Tras un paréntesis de 18 años – “en un arrebato de cordura hice que el fuego destruyera todo lo que había escrito. Cosas de crisis internas, de falta de trabajo, de de escasez material y, por qué no confesarlo, de ruptura e inconformidad conmigo mismo.”, asegura-  ahora sintió la necesidad de volver a poner todo ese mundo interno por escrito y de compartirlo en algunos foros de la red: Mundopoesía, Alaire y Libertad 8, entre otros, y su propio blog Tren de Otoño, su “colección de retazos vitales”, una mezcla arbitraria o no de pedacitos de él y de sus poemarios, aunque también hay alguna que otra narración e incluso crítica literaria.. Asimismo, en 2007 publicó una selección de poemas en un libro colectivo Matices, (Buenos Aires) y presentado en la Sociedad Argentina de Escritores. Dos años más tarde vería la luz Al límite de la espesura publicado en el libro Caminos de luz: sueños en 3 actos junto a los poetas Ramiro Carballal Durán y Raúl Castillo (Trenton; 2009). Recientemente ha publicado en la editorial norteamericana Liricspan su último poemario: Los labios desnudos en el que Ferreira nos deleita con versos infinitamente cuidados, profundamente reflexivos, a veces minimalistas y otras más convencionales, pero eso sí con un excepcional dominio de la técnica y con un derroche de sentimientos y sensaciones elegantemente sugeridos y expuestos a plena luz, sin miedos por el paso del tiempo y a través de su propia desnudez. 
________________
Carmen Alcázar: De ti, podríamos decir: Filólogo de formación, educador de profesión y poeta de devoción... Pero, ciertamente, ¿qué tiene más fuerza en Pedro Ferreira? 
Pedro Ferreira: Es difícil deslindar las tres vocaciones siendo así que la persona que soy es una unidad, una totalidad, donde sería cabalmente imposible explicar lo que hago en el trabajo prescindiendo de lo que hago cuando escribo o cuando reflexiono sobre el decir. El mismo hecho de escribir no puedo separarlo de mi formación, tanto lingüística como literaria. Pero no creo que sea una particularidad mía. Uno en general es el fruto de toda su experiencia. Cuando leía a los poetas griegos helenísticos, o a Garcilaso o a Lorca, cuando estudiaba el feudalismo o la guerra civil, es como cuando has tenido un mal o buen día en el trabajo. Se te queda encima como una segunda piel. Así en esta forma uno acaba teniendo miles, millones de partículas de pieles distintas que curten la original. Cuando uno escribe no puede quitárselas de encima. Lo mismo pasa en mi trabajo. Cuando tengo que explicar a un niño algo que pueda entender no hay modo, recurro al relato, al manejo del verbo, al simbolismo, a la hipérbole, al drama.

"Sólo en sus ojos"
C.A: Cuéntanos, cómo es el día a día de Pedro Ferreira... 
P. F.: Es muy aburrido: ir al trabajo, trabajar, ir a casa, tareas domésticas, escribir, leer…Ya quisiera yo darle más variedad…(risas)

C.A. Y en esta supuesta  aburrida vida diaria, -que lo dudo- ¿qué te reporta escribir, y sobre todo escribir poesía? 
P.F.: Escribir es una necesidad. Hay veces que no escribes por lo que sea: no tienes nada que decir, no encuentras el modo o hay otras cuestiones en tu cabeza o en tu tiempo. Pero inesperadamente sientes que hay algo ahí dentro que empieza a quemar y luego empiezan a surgir palabras. Es algo así como las luciérnagas en un atardecer. Y ya te vuelves loco y obsesivo por esa luz y necesitas ponerlo por escrito. En este sentido es pues una descarga emocional. Algo así como cuando haces el amor con tu pareja. Escribo poesía pero no sólo poesía. Pero es cierto que la poesía ocupa mi interés central, quizás por mi forma de ser o mi formación o incluso mi deformación. Es la forma a la que mejor me adapto para expresarme. Otros cuentan historias. Yo me construyo. Cuento intuiciones.
“Todo lo que me “inspira” está en el mundo que me rodea: el amor o desamor con la persona amada, algún suceso cotidiano, una problemática social, un incidente con el banco, un éxito profesional, las nubes en el horizonte, el agua batiendo los escollos, una carretera por la costa, la muerte…”
C.A.: Una frase típica de Picasso es la de “las musas de inspiración que te pille trabajando” ¿Qué es lo que inspira tus versos? 
P.F.: Para mí un poema es un parto. Lo he explicado en algún artículo y en algunos poemas, por ejemplo en Pro logos, el que abre Al límite de la espesura. La poesía está en la realidad, si bien no es la realidad. Te llega: ves cosas, sientes cosas, ocurren cosas… que te dejan una impronta, una sensación no común, un matiz diferente. Eso que vives en tu interior va creciendo ahí dentro, transformándose, asociándose con otras células, nutriéndose de tu propia alma. Cuando madura busca salir. Lo acomodas, lo colocas, le das forma y cuando está a punto lo alumbras. Todo lo que me “inspira” está en el mundo que me rodea: el amor o desamor con la persona amada, algún suceso cotidiano, una problemática social, un incidente con el banco, un éxito profesional, las nubes en el horizonte, el agua batiendo los escollos, una carretera por la costa, la muerte… En realidad, lo que me inspira es lo que inspira y ha inspirado a todo el mundo. Eso sí, uno es más sensible a ciertos inputs que a otros.

Pedro Ferreira, años 80
C.A.: En el perfil de tu blog, comienzas por tus orígenes y raíces “en un pequeño pueblo minero cercano al corazón de la tierra”. Año alejado de ella, ¿qué queda de Nerva y la Cuenca Minera en ti y en tu poesía?
P.F.: Es la piel primigenia de que hablaba antes. Está allí, en el fondo, pero está. Casi toda mi vida la he pasado fuera porque la vida te lleva como las corrientes marinas. Ahora vengo una vez al año a ver a mis padres. Pero yo fui muy marcado por mi niñez. Mi especial relación con mis abuelos, el tren minero, los fines de semana en la huerta de Ramón o en la Minilla, las fotonovelas de mi madre, los juegos imaginarios por el llano del Cerro Pelambre, las guerras de pedradas entre calles, …Miles y miles de vivencias, felices o desagradables, da igual, están ahí en mi obsesión permanente, la memoria. Todo eso sale de una u otra forma en los poemas o en las prosas, aunque quizás sólo es perceptible para mí...
“El mundo que nos ha tocado vivir es esencialmente injusto, con uno mismo y con los demás. La mano que escribe, como la que pinta o modela, no es inocente y tiene un papel en esa transformación”.

C.A.: Y volviendo a la Cuenca, dice el amigo Cobos en su último poemario Para qué poesía, pues eso mismo Pedro, para qué tu poesía…
P.F.: Habría que preguntárselo a ella. Yo no la busco, me viene. No, es el viejo debate sobre la utilidad de la poesía. Como todas las artes, aparentemente carece de utilidad. No deja de haber quien nos ve como seres ociosos deleitándose en perder el tiempo. Pero el ser humano es un ser simbólico. Ocurre a todo el mundo, se ponga o no por escrito, en escala sonora o sobre un lienzo. Es una forma de re-crearse. De completar el ser que soy y mi estar en el mundo. Mediante la poesía te expresas y te individualizas. Lo que yo veo en el mundo es distinto a lo que ve o siente cualquier otra persona y buscas el modo y la forma de comunicarlo, usando un instrumento común, la lengua que hablamos, a los demás, que por otro lado cuando lo leen aprehenden ese efecto diferencial enriqueciendo su propia experiencia.

C.A.: Decía Celaya “la poesía es un arma cargada de futuro”, Ahora más que corren “malos tiempos para la lírica”, ¿cual crees que debe ser el papel del poeta o el artista en general?
P.F.: Corren malos tiempos para casi todo. La poesía verdadera siempre es transformadora. La frase de Celaya se enmarca en un contexto social y político muy concreto y por tanto con una interpretación también muy histórica. Pero en realidad siempre es así. El artista, y el poeta no es otra cosa que eso, es siempre vanguardia de la conciencia sensible, tanto cuando escribe como en su vida. Si uno siempre escribe sobre lo que ve o vive y eso no te gusta buscas cambiarlo, transformarlo. El mundo que nos ha tocado vivir es esencialmente injusto, con uno mismo y con los demás. La mano que escribe, como la que pinta o modela, no es inocente y tiene un papel en esa transformación.

"Desnudez"
C.A.: Tú, maestro de la palabra, define con una sola tu último poemario, Los Labios Desnudos.
P. F.: Es difícil resumir todo ese contenido simbólico en un solo verbo pero quizás esté en el título: desnudez, aunque el poeta siempre se desnuda cuando toma la pluma.
“Cuando escribo de un modo u otro me quito los paños que me envuelven dejando transparentar lo que siento o lo que percibo. Eso incluso cuando se pone un delicado velo delante de las palabras para que más que digan algo lo sugieran. De algún modo uno nace y muere con cada poema.”
C.A.: Los labios desnudos. ¿Por qué ese protagonismo de los labios? ¿Su atractivo está en que realmente están  desnudos y a la vista de todos o  que esconden más de lo que expresan realmente los versos del interior del poemario?
P.F.: Los poemas expresan lo que expresan y cada uno se construye independientemente, claro. Pero los labios son un símbolo que se presta. Hablamos con ellos, nos escondemos tras ellos. La verdad, la hipocresía están en ellos. También el amor se da y se recibe ahí. La pluma del poeta no deja de ser un labio que se desnuda y un labio que lo resguarda. Su espíritu se manifiesta con el valor de la palabra, alada, como una máscara que se transparenta, como un ser que expira en el acto creador. Si lo miramos bien es otra ventana por la que se sale o se entra.


C.A.: Labios sedientos, de labios peligrosos, labios hirientes, hipócritas, solitarios… ¿Estados de ánimos pasajeros?

P. F.: Todos los estados de ánimo son afortunadamente pasajeros, porque nadie podría vivir con la carga de algunos eternamente. Pero claro, sí, el poemario se enmarca en una realidad que uno vive a diario y a la que no es inmune. La realidad que vivimos es bastante fea y amarga. ¿Cómo no reflejarlo en los versos?

C.A.: Pues supongo que mostrándolos así como los tuyos: “desnudos”. Por ende, ¿se desnuda Pedro Ferreira en cada verso?
P. F.: Me desnudo o me protejo o sueño o grito socorro. Sí, cuando escribo de un modo u otro me quito los paños que me envuelven dejando transparentar lo que siento o lo que percibo. Eso incluso cuando se pone un delicado velo delante de las palabras para que más que digan algo lo sugieran. De algún modo uno nace y muere con cada poema. Nacer se nace desnudo y con el alma expuesta. Cuando el poema ve la luz deja de un modo u otro de ser tuyo para ser del lector que ya se cuida de desembarazarte de las galas con que has ido a morir en sus brazos. ¿Qué cadáver necesita un traje?
“Es imposible separar la vida de la escritura y muchas veces son la misma cosa”
El poeta en Caminito, Buenos Aires
C.A.: Trajes y etiquetas, tal vez. En tus poemas, huyes de la asonancia y puede que sea una manía confesable. ¿Qué le dirías a  aquellos que piensan que sin rima ni métrica  al  uso más tradicional no hay poesía?
P. F.: Es otro viejo debate: ¿la escuadra o la pólvora? El verso tradicional nace en un contexto que lo explica. Verso es ritmo y ritmo es repetición. No hay otra. En ese sentido, la rima tiene una función histórica esencial para la poesía. La repetición constante de ciertos fonemas ayuda a identificar el texto como verso cuando la poesía era esencialmente oral y hecha para ser recitada o cantada. Luego llegó Gutemberg y más tarde la prensa, las revistas y la escolarización generalizada. La poesía hoy es esencialmente “leída” y, si bien el verso es siempre verso porque hay ritmo, la rima ya no es imprescindible para ello. Particularmente aprecio un buen poema con buena rima. La mayor parte de la literatura en verso escrita en mi lengua hace uso de ella. Pero a mí no me aporta gran cosa como recurso expresivo, constriñendo el verso y lo que quiero decir. Yo busco otra forma de conseguir el ritmo sin el repiqueteo de campanas que es la rima. Cuando el poema me lo exige no huyo de ella. Si creo que la mejor forma de decir lo que quiero es un soneto o un romance ahí está como recurso para usarla. También he escrito sonetos sin rima, porque ahí me era inútil. Sin embargo he de decir que no hay verso sin metro, entendido este como configuración rítmica. El buen poeta libre no puede sustraerse al metro porque todo verso mide. Es la diferencia entre un buen poema y una sucesión de renglones cortados de un escrito en prosa. Por otro lado, no hay que confundir poesía con verso. Hay versos perfectos que no tienen poesía y poesía no escrita en verso, a veces ni siquiera escrita.

C.A.: Y vida. En tus  poemas hay infinidad de dedicatorias, referencias literarias y símbolos. ¿Se pueden entender como matices aportados a tus poemas con vivencias compartidas, vida y poemas al unísono?
P. F.: El poema es una unidad en sí, desde el título, si es que lo tiene, hasta el punto y final. Eso incluye todo aparato formal y conceptual que lleve, como, entre otras cosas, las citas y las dedicatorias. Generalmente distingo en estas los poemas “a” de los poemas “para” de algún modo similar a como se distingue el objeto directo del indirecto. Esto significa que si hay una dedicatoria es porque debe estar ahí como parte del poema. He escrito muchos poemas que no llevan dedicatoria explícita aunque su sujeto sea con frecuencia el mismo. Por tanto en cierto modo sí añaden algún tipo de matiz extrínseco: mi Síncopa para un adagio adquiere una significación distinta si se sabe que lo escribí para mi hijo. Es imposible separar la vida de la escritura y muchas veces son la misma cosa.
“El poeta es una persona normal que siente y palpita con la vida, que busca ante todo vivir y celebrar la vida. Distinto es que la vida esté llena de reptiles y el suelo sembrado de cardos. Si te pinchas gritas, aunque sea en verso”

Presentación de Matices
C.A.: Precisamente, dice Raúl Castillo en el prólogo que Los labios desnudos buscan en lo más profundo del mundo interior pero que no se aisla de la cotidianeidad, ¿crees por tanto en la necesidad de que los poetas bajen del Parnaso, casi parafraseando a Nicanor Parra?
P. F.: Bueno, los poetas no están en el Parnaso, que es sólo un monte griego. Los poetas están como todos los mortales, en el mundo. Acaso más en el mundo que nadie y por eso parece –sólo parece- que no lo están. Raúl Castillo es un gran amigo y mejor poeta que me aprecia en exceso. Pero en eso es fino. La creación de la belleza no debe separarse de las ramas de las que pende. Yo hago lírica y la lírica por definición surge del yo íntimo del poeta. Pero es más una cuestión de punto de vista. Hay una corriente eléctrica entre el dentro y el fuera, una comunicación automática, sin interruptores que conecta el mundo de la realidad en la que das tus pasos y el mundo de tu psique con el que los vives.

C.A.: Y en esa cotidianidad de tus poemas, en ese “circus mundi” en el que vivimos  tus poemas hablan de decepción, de hipocresía, de amor, de pasión, de “y sexo, y sexo” de soledad... Es el contrapunto del “avasallo” de lo que nos rodea, el poeta se siente solo y de esa soledad nacen versos ¿crees que es necesaria la soledad para el poeta a la vez que vive en sociedad?
P. F.: El poeta vive en sociedad pero el acto de creación es un hecho íntimo. Me resulta, y esto es naturalmente personal, imposible escribir rodeado de gente. Incluso cuando esto sucede debo aislarme de una u otra manera para poder escribir algo. Eso no tiene nada que ver con la soledad de la persona. No es que el poeta deba ser un ser solitario y triste o amargado, vagando solo por las calles o encerrado horas y días en su caparazón. El poeta es una persona normal que siente y palpita con la vida, que busca ante todo vivir y celebrar la vida. Distinto es que la vida esté llena de reptiles y el suelo sembrado de cardos. Si te pinchas gritas, aunque sea en verso. Por otro lado el poeta se siente solo frente a su reto que es expresarse. Sabe de su individualidad. Esta contradicción entre la individualidad de la visión y la herramienta social y compartida provoca siempre una tensión a veces insuperable.
"Beso muerto"

C.A. Puede que en tu blog, ya desde el título haya mucho de soledad. Tren de Otoño. Tren tal vez como viaje y vida, nuestro recorrido vital, y Otoño con toda la tristeza de una hoja de la que hablaba Vicente Alexandre…
P. F.: Ciertamente. Además “Tren” es también una referencia a la niñez y una referencia a la Cuenca Minera. Quise abrirlo con un poema de José María Morón por la misma razón. El tren es en efecto símbolo de viaje pero no sólo. Es también un recorrido, con estaciones, compartido, con gente que sube contigo, te acompaña, se baja, desaparece. Hay una caldera con fuego a la que cae carbón y su abuelo que manipula unos mandos y palancas y consigue mover algo inerte y pesado como una serpiente de hierro. Veo la espera o el deseo. El Tiempo. Y el otoño es la estación del año más hermosa. No sólo por la melancolía. También por la suavidad de la temperatura, el comienzo de las lluvias y los bosques llenos de colores matizados. No creas si te dicen que el otoño es el final. Realmente es el principio del ciclo. Es el momento de la fertilidad. Un mal otoño y no habrá primavera. Se acabaría la vida. Es también un momento de recogimiento, más que de soledad. De vuelta a lo íntimo, a lo interior. Es cierto que una hoja caída en el camino refleja la tristeza del final. Pero todo fin no es más que un nuevo principio. Para que un rosal coja brío se cortan sus ramas. Yo busco podar las mías con la palabra. La tristeza de muchos de mis versos no es más que eso.

C.A.: Y buscas y experimentas incesantemente con tus versos. De hecho ya estás inmerso en tu próximo proyecto La tinta en los cristales. Cabe preguntarse qué hay en esos cristales tintados que no te dejan ver o qué es lo que ves a través de ellos…
P. F.: En realidad estoy metido en dos nuevos proyectos. La tinta en los cristales pretende un giro en temas y en estética. Se trata de una lectura propia de las formas tradicionales. O una escritura propia. Entiendo por tradicional el verso popular y/u oral que recorre toda nuestra literatura. Por ejemplo, en la Edad Media eran muy populares los plantos, los cantos de siega, las formas paralelísticas, las glosas… También el flamenco y sus estrofas cortas son nuestros parientes del haiku japonés. Yo no escribo un planto medieval, obviamente, yo como dice Milán Kundera  hago variaciones sobre poemas muy conocidos, de Neruda, por ejemplo, o de los míos propios.  En definitiva me busco experimentando. Así como en Los labios desnudos el leitmotiv eran los labios, ahora, de un modo u otro busco el simbolismo de los cristales: como reflejo, como objetivo que capta un instante, como ventana de entrada y salida. El otro proyecto es un poco complicado tanto formal como temáticamente. Se enmarca en el libro bíblico de Job. Es como una ópera en verso libre sobre la rebelión contra el destino destructor.

lunes, 28 de enero de 2013

Entre dos miradas poéticas nervenses (I): Juan Antonio Arias, la madurez temprana en versos comprometidos

Juan Antonio Arias, poeta.
(Foto: JMTA)
El sigiloso olvido
de aquello que aprendimos con esfuerzo
es una forma de analfabetismo injusto. 
(Juan Antonio Arias: “Analfabetismo injusto”)
Juan Antonio Arias Toribio (Nerva, 1988). Licenciado en Periodismo por la Universidad de Sevilla, cuenta con un curso de Imagen y Comunicación que ha finalizado recientemente y, en la actualidad, se encuentra realizando prácticas en la redacción de Diario de Sevilla. Asegura que estudió Periodismo porque “quería estar ahí, en algo tan trascendente y delicado como informar. Quería pertenecer a esa especie de secta de titiriteros de opiniones para aportar mi granito de arena en desmantelarla. Pobre iluso…”, confiesa. Ávido lector y amante de la poesía, publicó sus versos hace unos años en Poetas en el camino, una antología de poetas en Sevilla el gran poeta y pensador Vélez Nieto “hasta ahora, prefiero no publicar en solitario, porque, en muchos casos, casi se tiene que ir de casa en casa como un Testigo de Jehová para que alguien compre el libro por compromiso. O para que el editor recupere lo invertido. Internet en ese aspecto sí que agiliza la lectura”, apostilla. De esta manera, Arias imprime sus versos en Estados pasajeros, blog dedicado por entero a sus poemas y sin más artificio que la palabra misma, desnuda ante los lectores: “Estados Pasajeros son estados anímicos o existenciales que sobrevuelan de vez en cuando, pero tampoco quiero ponerme muy metafísico porque es todo bastante más sencillo. Estados pasajeros es sólo el hábito de escribir frecuentemente que empezó más como una vía de almacenamiento que como un escaparate de poemas, y donde hoy publico los poemas casi por inercia. Todavía no sé muy bien por qué lo hago (risas)”. Sea como fuere, si hay algo que caracteriza y sorprende de la poética de Juan Antonio Arias esa es su madurez pese a su juventud, - o por qué no, gracias a ella- . Madurez temprana no sólo compositiva, -que también-, sino sobre todo reflexiva y profunda de su visión del mundo con cierta rebeldía ante lo que vive y lo que es. Pero no es una rebeldía adolescente ni romántica, sino más bien una rebeldía humanística en tanto que muestra el posicionamiento del hombre ante el mundo que le rodea. Con gran humildad y sencillez, Juan Antonio moldea versos a su antojo y aún más libre, sin cláusulas ni contratos, sin convenciones o con ellas, poco le importa, siempre a su manera, sin miedos y con cierta audacia para conseguir gritar alto y claro su sentir y su vivir contra viento y marea en estos tiempos en los que es fácil asentir a todo.

El poeta
Carmen Alcázar: Para los que no te conocen, ¿quién es Juan Antonio Arias, joven nervense, periodista y poeta?
Juan Antonio Arias: Definirme a mí mismo es una tarea nada magnánima. No quiero. Sé que disfruto escribiendo cuando descubro detalles en los que nunca antes había reparado, cuando me enfango con las palabras. Poco más. Por lo demás, un tipo normal. O eso espero… (Risas)

C.A.: Juan Antonio Arias, periodista y poeta o “escritor de poesía” como tú mismo te dices. Pero qué tiene más fuerza en ti ¿el falso objetivismo del periodismo o el subjetivismo más explícito de la poesía? O tal vez, ambas “formaciones” y “deformaciones” van de la mano…
J.A.A.: Claro. Ambas consisten en contar historias. Tenemos el ejemplo del nuevo periodismo norteamericano de los 60… Cada cosa tiene su sitio y su tiempo. Para mí, la poesía es más honesta, va sin máscara y, por lo general, tiene mejores intenciones.

Juan Antonio Arias de pequeño
C. A.: Y creas poesía… ¿Cómo comenzaste a escribir poesía?
J.A.A: La mejor manera de aprender a escribir es escribir mucho y equivocarte más. Yo empecé al entrar en el instituto. Ahora me divierto bastante. Cuando acabo un poema que me gusta -casi nunca-, la satisfacción está ahí. La escritura es el ahorro de sesiones del psicoanalista, una terapia muy recomendable. Así que… ¡a escribir! (Risas)

C.A.: Cultivas sobre todo versolibrismo, ¿Qué le dirías a aquellos que piensan que sin rima ni métrica al uso más tradicional no hay poesía?
J.A.A: No me gustan los dogmas. Al final te estás encorsetando. Hay lugar para todo, yo escribo en verso libre o me agarro de vez en cuando a la métrica. Demasiada falta de libertad tenemos ya en nuestro entorno como para imponernos nosotros más restricciones. Hay que orear las mentes, desempolvarlas. Por supuesto, jamás se debe renegar de lo más clásico.

C. A.: Periodismo y Poesía. ¿Crees que el estudiar Periodismo y Comunicación te ha dotado de una cierta visión más amplia para poder expresar poesía que llegue, que sea útil, que se entienda y que el lector sienta de cerca y no relegada al Parnaso?

J.A.A: Creo que sí. Escribir desde el paraíso es una imbecilidad. Puede estar bien para un rato; en abuso, acaba siendo vomitivo. Creo que el periodismo me ha aportado una dosis crítica y realista. Me alegro de ello. Si un poema no se entiende, no es un poema, sino una pérdida de tiempo y un brindis al sol. Es bueno a veces que la gente se sienta retratada en las historias de cada verso, ¿no? Hay que escribir pensando en la lectura del llano.

C. A.: En casa de los Arias rezuma arte por los cuatro costados. Tu hermana Ángela pintora y tú “escritor de poesía”. Supongo que la sinergia entre ambos es crucial en cada uno de los ámbitos artísticos que desarrolláis…

J.A.A. El lenguaje del arte es universal, por lo que el entendimiento y la comprensión son inmediatos. La pintura y la poesía son disciplinas hermanas, así que… (Risas). De todos modos, ya me gustaría a mí escribir igual que Ángela pinta, lo equivalente…

C A.: Y en 2011, Ángela expuso en Nerva y tus poemas acompañaron sus obras. Era la primera vez que tus poemas se exponían tan explícitamente en tu tierra. ¿Cómo viviste aquel momento?

J.A.A.: Es más fácil ser profeta en tierra ajena, eh (risas). Mi hermana me lo propuso y yo la acompañé encantado, aunque los poemas eran elementos complementarios, algo muy secundario frente a sus pinturas, que sí eran geniales. Fue bonito aquello. Además, al cargar con los cuadros de la exposición, me acordé de cuando era niño y veía portar los lienzos a mi tío, Paco Villalba.
“Estoy un poco cansado de escuchar en exceso que nuestros cerros son rojos, que el río es tinto y que esto es la repanocha y parece la Luna. Nerva y la Cuenca están presentes en lo que escribo, pero más en lo emocional o experiencial que en lo paisajístico. Algún piropo esporádico a los escenarios espectaculares que tenemos por las minas nunca está de más. Alguno”.
Exposición de Pinturas de Ángela Arias.
De izqda. a dcha. Juan Antonio Arias,
Carmen Alcázar y Ángela Arias
C.A.: Poesía y pintura, Poesía y música… Está muy de moda la fusión de las artes,  a veces criticada por quitarle protagonismo a los versos, otras refugiadas en la interdisciplinariedad como la salida más viable del Arte en estos tiempos de crisis ¿qué piensas a  este respecto?
J. A. A.: La poesía es un arte por sí sola, no precisa de ninguna compañía para brillar. En días mejores, fue el primer arte. Ahora bien, la mezcla, el intercambio, la reciprocidad, la experimentación… siempre enriquecen. Todo cambia y evoluciona. La novedad se agradece. Lo que no concibo es que se vilipendie la herencia cultural que poseemos. ¿Salida? La única salida es invertir más en cultura. No hacen falta milongas, cada arte también puede subsistir sin necesidad de fusión.

C.A.: Precisamente, releo tus primeros poemas: Acuarelas I y II, y sí, al leerla transmite precisamente eso, pinceladas de sueños quizás, de colores surreales o reales, qué más da… ¿Qué crees que gana la poesía con esas influencias pictóricas? 
J.AA: No lo sé, a lo mejor le aportan más frescura. El color en la vida siempre es bueno, que haya distintos colores. Puede que traigan más alegría y chispa.

C.A.: Vida y arte. Y si cada circunstancia vital hace al poeta o al artista, un punto importante pueden ser los orígenes;  los tuyo: Nerva y la Cuenca, un entorno peculiar y único que inspiran desde siempre a artistas de todos los ámbitos. Y para ti y tus poemas, ¿qué papel juega la tierra de la cicatriz roja que diría Cobos Wilkins?
Entre el cárdeno y el ocre, de Ángela Arias (Pincha en
el título para ver el poema de J.A. Arias)
J.A.A: Me encantan los guiños puntuales y los retratos bien hechos a nuestra tierra. Me encantan. Eso sí, estoy un poco cansado de escuchar en exceso que nuestros cerros son rojos, que el río es tinto y que esto es la repanocha y parece la Luna. Nerva y la Cuenca están presentes en lo que escribo, pero más en lo emocional o experiencial que en lo paisajístico. Algún piropo esporádico a los escenarios espectaculares que tenemos por las minas nunca está de más. Alguno. Pero, sobre todo, tengo que saber cuáles con mis orígenes. Estudiar historia sirve para poder explicar el presente. Con la Cuenca Minera ocurre igual. Para entender la sociedad actual en la zona hay que remontarse a las generaciones previas, que tuvieron a las minas como eje de sus vidas. Recomiendo la lectura de un trabajo que mi amigo José Manuel Torres está ultimando sobre el año de los tiros y que espero que, en el 125 aniversario de tan fatales sucesos, se pueda difundir como libro con el apoyo de las instituciones. Debemos saber de dónde venimos.
“A esta era le falta poesía. La poesía siempre tiene que pretender un cambio a mejor, aunque proceda de una atalaya recóndita como la mía”.
Poema "Convite de musas"
(Pincha en la imagen
para ampliarlo)
C.A.: Al hilo de la inspiración, en tu “Convite de musas” hablas de la creación de poemas como un parto… ¿Qué inspira los versos de Juan Antonio Arias?
J.A.A: Solo escribo cuando verdaderamente me apetece o tengo ideas que necesito volcar al papel. A mí me inspira, sobre todo, la injusticia, desde el reparto genocida de la economía mundial hasta la despreciable actitud de algún empresario hacia su trabajador en una oficina cotidiana. Decía Celaya que “la poesía es un arma cargada de futuro”, por ahí deben ir mis humildes tiros. Evidentemente, me inspiran muchas cosas, pero creo que el componente humano está casi siempre presente...

C.A.: Y como bien dices, la inspiración es caprichosa, qué pasa, cómo te sientes cuando no salen, cuándo tiendes a  “Andar con papel blanco/ y tinta usable entre las manos…” 
J.A.A.: Nunca fuerzo la cosa. Eso sería pasar un mal rato. No va conmigo coger un folio y tener que escribir algo a la fuerza. Solo me acerco al papel cuando las ideas me fluyen más o menos y tengo las palabras a punto… Lo mismo un día no me sale nada y al siguiente tampoco y dejo de escribir para siempre… Quién sabe… (risas)

C.A.: Por tanto, en tu vida diaria, qué te reporta escribir, y sobre todo escribir poesía. 
J.A.A Para mí, aunque los versos no vayan a tener una difusión grande, es un compromiso. Mi diminuto grano de arena. Salvando las distancias, dijo Maiakovski que “todos los soviets no serán capaces de hacer andar al ejército si los músicos y los poetas no comienzan antes a entonar una marcha”. Pues actualizar eso sería importante en la poesía, no importa que no salgamos en televisión. Para mí la poesía también supone evasión y entretenimiento. Mucho.

C.A. Si el poeta se desnuda con los versos, esos estados pasajeros ¿desnudan a Juan Antonio Arias?
J.A.A.: ¿Dónde está mi ropa? (risas) Pues puede ser que hayas dado en la tecla. Al final, todos los poemas juntos recomponen mi identidad y mi pensamiento. Todo lo que escribo habla por mí. Es una especie de tarjeta de presentación.

C.A.:Pero casi siempre somos reacios a desnudarnos al menos a plena luz. ¿Cuánto callan tus versos?
J.A.A.: Espero que no callen nada. Si se queda algo en el tintero es mala señal. Intento ser sincero con lo que cuento. Las palabras también hablan por sí solas, tienen una vida propia que intento controlar.
“Escribir desde el paraíso es una imbecilidad. Puede estar bien para un rato; en abuso, acaba siendo vomitivo. Creo que el periodismo me ha aportado una dosis crítica y realista”
C.A.: Y parafraseando el último título de Cobos Wilkins, Para qué poesía,  dime ¿para qué tu poesía, Juan Antonio Arias? 
J.A.A.:A esta era le falta poesía. También le falta muchísima filosofía, muchísima. El pragmatismo idiota que acontece deriva en una España con doce millones de pobres, aunque las victorias de `La Roja´ sean más fáciles de digerir que eso. Si puedo ayudar a explicar un poco la situación que veo, bienvenido sea. La poesía siempre tiene que pretender un cambio a mejor, aunque proceda de una atalaya recóndita como la mía.

C.A. Esto se refleja todo en tus últimos poemas, esa conciencia de protesta de lo social, de lo político, de lo económico que hablábamos antes. ¿Crees que en los tiempos que vivimos ese debe ser el papel del poeta y artista, debe bajar del Olimpo como dice Nicanor Parra y denunciar lo que pasa en la realidad más mundana?
J.A.A: Es posible compaginar la búsqueda de lo estético o contemplativo con lo social, es la grandeza de la poesía. Pero habría que tener horchata en la sangre o ser hijo de Emilio Botín para ignorar lo que ocurre. Estamos viviendo una época tan sangrienta o asesina como la que más. Pero como la pobreza no salpica mucha sangre, pues el genocidio pasa más desapercibido. Hay que llamar a las cosas por su nombre, sin rodeos, y a la indiferencia que tenemos hacia el hambriento en estos días debe llamársele “cómplice de asesinato”. Basta de eufemismos, para eso ya están los dirigentes de nuestros dos grandes partidos políticos.

Poema "Escritores de Poesía"
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C. A.: Pero una cosa dejas clara también en varios poemas definiendo qué es ser poeta, hablas del poeta Juan Ramón Jiménez y por el contrario de los “escritores de poetas”. ¿Crees que hay más escritores de poesía que poetas realmente,  o más bien lo que hay es exceso de ego entre los “escritores de poesía”?
J.A.A.: De todo un poco. Sí que hay exceso de ego, aunque, salvo honrosas excepciones, no hay muchos motivos para ello. Yo me refiero en ese poema a que el ser poeta es mucho más que escribir poesía. Ser poeta es un grado reservado a gigantes como Lorca, Neruda, Machado, Jiménez…, no solo por cómo escriben, sino por la envergadura de su obra y su vida.
“Creo que Dios debería dimitir, porque el balance de pobreza e injusticia actual no le permite seguir ni un segundo más en el cargo de estar en las mentes de tantos y tantos”
Poema "Habitantes de Trepizonda"
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C.A.: A este respecto,  en tu poema “Habitantes de Trepizonda” “Jamás fui engreído, creído, /ni quisiera serlo(…)” . Habrá quien vea aquí exceso de humildad o falsa humildad incluso en esta autodefinición de escritor de poesía y no como poeta…
J.A.A.: No lo sé, no quiero entrar en eso. Es tan malo presumir de humilde como ser un vanidoso. Deja de ser humilde quien reconoce serlo. Creo. Yo en ese poema jugaba un poco con la ficción, no me eches mucha cuenta (risas). Por supuesto, actuar con humildad en la vida sí que es muy bonito, ¿no?, la mejor muestra es nuestro Javier Perianes, que sí que tiene motivos para el alarde y, sin embargo, da gusto escuchar su sencillez.

C.A.: Versos entre lo divino y lo humano que diría Juan Ramón Jiménez. Dios, la hipocresía, la muerte, de la Guerra, del amor, el desamor, de la propia poesía, del tiempo y la vida… son tema recurrentes en tus poemas y que denotan cierta  madurez no sólo poética, que también,-  sino reflexiva y crítica que sorprende sobremanera ante tu juventud…
J. A.A.: La sociedad actual es tan vaga de pensamiento que opta por el estereotipo, para ahorrarse clasificaciones más certeras y desarrolladas. Es muy fácil poner etiquetas de “ni-ni” o “botellón” para las televisiones cómplices del poderoso, pero quizá resulta más difícil explicar que eso solo es una consecuencia de la basura que promulgan y de la falta de oportunidades existente. Creo que la juventud actual solo pide un futuro digno y una oportunidad, nada más. A los jóvenes con los que coincido en temas de estudios, prácticas o cursos les veo una preparación grande y una bondad y nobleza inversamente proporcional al trato que les tributan los parásitos de este sistema. Dicen que somos la generación perdida, espero que nunca digan que somos la generación derrotada…En cuanto a mis temas, tal vez sí escribo sobre esos aspectos distintos que comentas. Por ejemplo, ahora cargamos mucho contra los políticos, los jueces o los banqueros, pero nadie pide la dimisión para la gestión de Dios. Creo que Dios debería dimitir, porque el balance de pobreza e injusticia actual no le permite seguir ni un segundo más en el cargo de estar en las mentes de tantos y tantos.
“Ojalá que hablar del amor siempre esté de moda. Si no, será que la poesía ha muerto”
Poema "Tienes algo..."
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C.A.: También se ven hasta siluetas. Interesantes, intensas y vivas me  parecen tus poemas referentes  a la mujer en todos sus aspectos…Tienes algo mujer, retórica de una mujer, las manos de tu cuerpo… Ahí dejas lo social para dibujar por un momento no demasiado prolongado el amor, la pasión, el sexo... La poesía amorosa y erótica siempre parecen estar de moda ¿huye tu poesía de esas modas y modismos? 
J.A.A Yo no huyo de ningún tema, porque eso sería autocensura por algún prejuicio. Y no los tengo. Ojalá que hablar del amor siempre esté de moda. Si no, será que la poesía ha muerto. Me siento muy cómodo con esta temática, que ocupa buena parte de todo lo que he escrito. Además, estos poemas son más agradecidos, la gente los recibe con más predisposición.

C. A.: Y aquí además conviene hablar de tus poemas digamos más mineros y rojizos en los que además de darle forma a lo visual impresionante de la Cuenca Minera, pinceladas coloristas unas  y difuminadas otras, también añades cierto matiz crítico en tu línea. Quizás intentando despertar las conciencias adormecidas de una tierra con pasado luchador…
J. A. A. Por supuesto que no soy ningún gurú que pretenda despertar conciencias, claro que no. Sí que estoy obligado a mostrar mi disconformidad con lo que acontece en el Estado español y en todo el mundo. Solo veo injusticia y desigualdad por todos lados, intentemos pedir, al menos, más dignidad para el ser humano. Decía Don Marcelino Camacho: “Ni nos domaron, ni nos doblaron ni nos van a domesticar”. Pues eso, cualquier otra cosa sería estar derrotados. En la Cuenca Minera deberíamos seguir el ejemplo de lucha de los mineros del carbón. Esta falsa democracia ya ha demostrado una y mil veces que los paseos en manifestaciones pacíficas solo valen para mejorar un sistema, el circulatorio. También es triste ver a los alcaldes de brazos cruzados ante el desempleo imperante, aunque, claro, a quién van a protestar, ¿al partido que le paga? Así estamos…

C.A.: Con este panorama, aún no hemos podido ver un libro de poemas de Juan Antonio Arias aunque sí que participaste en uno de varios autores; me pregunto si realmente es tan difícil y complicado publicar en estos tiempos… Y ¿para cuándo un poemario en solitario?
J.A.A.: Tuve el placer de participar en Poetas en el Camino, una antología de poetas en Sevilla. El padrino fue el gran poeta y pensador Vélez Nieto, a quien además admiro.
Publicar no es difícil, lo complicado es que te lean lo publicado. Al rebaño lo educan a diario para que no piense. La poesía es pensamiento, es decir, un enemigo más. Y el resultado es que los versos en estos días se leen poco. Hasta ahora, prefiero no publicar en solitario, porque, en muchos casos, casi se tiene que ir de casa en casa como un Testigo de Jehová para que alguien compre el libro por compromiso. O para que el editor recupere lo invertido. Internet en ese aspecto sí que agiliza la lectura.

C.A.: Sin embargo, tu blog Estados Pasajeros sí está desnudo de algo es de  copyright. Alguno que otro se pondrá las manos en la cabeza por miedo a los plagios y ataques a tu propiedad intelectual..
J.A.A: Alguna vez me ha dado por buscar algo mío en la Red y me he percatado de que ya existían varios plagios. Plagios no, falsas atribuciones de cosas que había creado yo. Pero bueno, no me importa mucho… Al fin y al cabo, escribo para desahogarme y para contribuir en lo poco que pueda a que se piense más. No voy a quejarme mucho de que mis textos circulen bajo otro nombre o anonimato, es un orgullo ver cómo se difunden mis ideas, que es lo importante. Además, la poesía tampoco me va a hacer millonario (risas), ni lo quiero.
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Juan Antonio Arias, de cerca

Si no fueras poeta, serías... Periodista soy, qué se le va a hacer…
Dónde vivir Por Andalucía occidental, si puede ser…
Eres feliz con... Poco.
Un libro... San Manuel Bueno, mártir (Miguel de Unamuno).
Un símbolo... Un puño cerrado (sin rosa, las espinas pinchan).
Un verso...  Todo necio / confunde valor y precio (Antonio Machado).
Una palabra... Palabra.
Un poema... Sé todos los cuentos (León Felipe).
Un color... El verde botella (y azabache).
Un lugar... El balcón sevillano de mi amigo Antonio Luis, aunque le falte playa…
Una película... Cinema Paradiso.
Una canción... Canción del elegido (Silvio Rodríguez) y Canción para el camino (Guillermo Alvah).
Una manía... confesable Qué va, cualquier confesión me avergonzaría. Tengo demasiadas manías.
Tu gran virtud... Ni idea.
Saca lo peor de ti... Una mentira canalla.
Tu obsesión... Otro mundo es posible.
Dónde morir...No muy lejos de Nerva, para que el coche fúnebre no gaste mucho en gasolina.
En la retina... Un desprendimiento no… Los buenos ratos con un balón de por medio, por ejemplo.



domingo, 21 de octubre de 2012

Entre dos miradas poéticas nervenses: Juan Antonio Arias y Pedro Ferreira.- Introducción

Minero de estrellas, 
de J.M. Morón
En el continuo germinar de Arte en nuestra tierra, - ya sea debido “al espíritu de libertad de sus ciudadanos por su privilegiada ubicación en la zona”; o al “hecho de 'estar conviviendo' con unas tonalidades paisajísticas muy peculiares"-, la poesía es quizás la faceta artística que menos se ha prodigado en Nerva, en comparación con la pintura o la música. Sin embargo, si hay una figura que envuelve la retina poética de todos los nervenses esa es la del insigne José María Morón y su Minero de Estrellas:

(…) ¿Nombres? Yo no recuerdo ninguno entre mis labios,
 sólo el enorme, anónimo, del genérico esfuerzo.
 ¡Hombres de hollín y lodo! ¡Mineros de Río Tinto! 
 Yo os guardo en el más alto mirabel del recuerdo.

 (“Epístola a los mineros de Río Tinto” de José María Morón: Minero de Estrellas. Diputación de Huelva, 1993.)

Último poemario del riotinteño
Juan Cobos Wilkins
Claro que hay además otros nombres de nervenses que brillan por su amor a los versos. Junto a Morón, algunos de ellos aparecen recogidos en el libro Artistas Nervenses. Ventana Abierta al Arte Contemporáneo.1882- 1942 (Juan Gómez Moreno: 1996): Benito Cabanas Pérez, Manuel García Díaz, Manuel Martín Vázquez, y José Antonio Vázquez del Águila. Ya en generaciones venideras y más actuales, retumban también otros nombres: como el entrañable Alberto Calero y su Poeta en la calle, la silueta minera sempiterna Manuel J. Pérez Illescas, el siempre entregado a Nerva Juan Francisco Román, la fuerza de los versos mineros de Antonio Perejil- Delay, o uno de los más jóvenes premiado hace años según aparece en varios Nervae antiguos, José Luís Villalba. Y cómo olvidar aquí al poeta de “la tierra de la cicatriz roja”, -uno de los más laureados últimamente y premio Torre de Nerva de hace unos años- y que da alas a la Cuenca Minera de Riotinto con sus versos cuidados: el riotinteño Juan Cobos Wilkins.

Ilustración de Mario León en
El silbo del Minero, de
M.J. Pérez Illescas.
Releyendo El Silbo del Minero de Pérez Illescas, en el prólogo de Vázquez del Águila se encuentran las claves del verdadero papel del poeta y que toman más valor aún en los tiempos que vivimos de crisis e incertidumbre: “Quizás la voz del poeta sea la más adecuada para levantar monumentos, cantar gestas o perpetuar imágenes que el devenir de los tiempos termina por sepultar en el olvido. En el poeta florece siempre un corazón eterno. Mientras canta, su corazón late entre luces y sombras: aquellas, para alumbrar caminos y descubrir senderos; éstas, para rumiar reposos, fracasos o silencios. Cuando el poeta calla, sigue su corazón latiendo, pero – ya despojado de sombras-sólo entre fulgores que reflejan corazones ajenos”. Sí, es la hora del descubrimiento de la poesía nervense, de la poesía nueva y viva, de esa que fluye sin receso como el Tinto hacia la campiña, con fuerza y a veces serpenteantes por los libretos en blanco de dos poetas; sí, con sus luces y sus sombras, con sus gritos y sus silencios, pero libres, siempre libres: Juan Antonio Arias y Pedro Ferreira, en los que juventud y madurez juegan a ser en sus versos una misma esencia que late, que siente y, sobre todo, que vive siempre con los pies en el suelo.

jueves, 18 de octubre de 2012

Colaboraciones Nervae 2012: De pintura y poesía

Portada Nervae 2012
De nuevo, este agosto pasado también se pudo leer entre las páginas de nuestro Nervae varias de mis colaboraciones y de nuevo las iré colgando aquí en mi Yo Periodista. En este año tan especial para mí, -personal y profesionalmente hablando- mis colaboración con la revista  no podía ser de otra manera ni de otra temática que no fuera Pintura y Poesía, dos elementos fundamentales en mí y desde bien pequeñita como reflejé en mi discurso de Torre de Nerva por elección Popular. Echemos un vistazo: 

Martín Gálvez, el gran desconocido
De un lado, sin duda este agosto ha sido el mes de Martín Gálvez con su exposición más esperada en su Nerva natal, 'Antolojía', y con su premio más que merecido Torre de Nerva del Arte 2012. Por estar de suma actualidad en nuestra tierra y, más aún, por lo que me aporta cada día en mi faceta más artística, tuve a bien a publicar en la presente edición de Nervae una actualización del perfil que publiqué aquí hace tiempo y que creo que al madurarlo, ha ganado bastante. Pese a eso, me parece más interesante publicar aquí un especial de su exposición homenaje con imágenes de la inauguración, mis poemas y sus obras  así como  las breves palabras con las que yo misma enuncié para presentarlo.

Entre dos miradas poéticas nervenses: Juan Antonio Arias y Pedro Ferreira.
Cuando el año pasado realicé el artículo de la G80, por problemas de espacio y tiempo me fue imposible incluir a artistas de esta generación de otros ámbitos distintos a las artes plásticas, como son la música y la poesía o la literatura. En parte, en esta edición he saldado mi deuda autoimpuesta con ellos, al menos con los últimos: entrevista a los poetas. Y esto con uno de los mejores representantes de la poesía de la G80, sino el único: el joven periodista y poeta  Juan Antonio Arias (1988), cuya poesía madura y cuidada me tiene maravillada, entusiasmada y increiblemente sorprendida siempre. Y sus aportaciones a mi 'poesía en ciernes' y en mi MIrada Azul, son y serán por siempre de un valor incalculable para mí. 
Pero hablar de poesía madura y profunda es hablar, - cómo no,  con mi maestro de los últimos tiempos: Pedro Ferreira, (Nerva, 1960), quien cada día me insiste, me anima y me enseña sus amplios conocimientos en la técnica poética y el arte de la sugerencia en sus versos. 
Y ambas miradas, la de Arias y la de Ferreira, tan distantes en circunstancias, espacios y  tiempos pero convergentes en una poesía nueva, viva, profunda y libre del que constantemente se sirve mi Azul.

Poesía visual.  Retrovisor
Exportados desde Hacia lo etéreo y en plena efervescencia creativa poética en agosto me pareció muy oportuno compartir con mis paisanos unos versos sumergidos en la nostalgia nervense que siento a diario, y que se hizo aún más insistente con la instantánea prestada por el amigo Francisco Javier Campos, en lo que ha llamado muy acertadamente "Poesía Visual". Fruto de nuestras "comunicaciones", surge esta colaboración que yo misma he ideado para la presente edición del Nervae.

A la espera de que sea de vuestro agrado, en adelante iré publicando cada uno de estos artículos tan especiales para mí y que no son más que, como decía al comienzo, pedacitos de mí, pedacitos de azul....