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En palabras de Goethe, "todo comienzo tiene su encanto", así que si es la primera vez que te sumerges en 'Yo Periodista' quizás seas partícipe del encanto de la profesión periodística desde la mirada de su autora. Si ya has visitado este blog, Yo Periodista intentará transmitirte ese encanto del comienzo....
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jueves, 18 de diciembre de 2014

Literatura y pintura en busca de la sonrisa de la pequeña Lidia

Se trata de una colección de relatos ilustrados realizados por una treintena de escritores y pintores locales a beneficio de la pequeña Lidia, aquejada del síndrome de Fraser

Nerva, 18.12.2014. Tras el éxito de la gala en el Teatro Victoria para los más jóvenes el pasado 16 de diciembre, el libro de relatos ilustrados La sonrisa de Lidia, a beneficio de la pequeña Lidia, se presenta este domingo 21 de diciembre (13h) junto a una exposición y subasta de las ilustraciones en la Sociedad Círculo Comercial “Mercantil” de Nerva. El broche artístico del acto correrá a cargo de la guitarra y el cante de Rafael Martínez de Nerva y Carmen Benjumea.

La pequeña Lidia en la gala del pasado
martes en el teatro Victoria de Nerva 
La sonrisa de Lidia es una impronta literaria de 32 artistas de la Cuenca Minera de Riotinto, vinculados con la ciudadanía de Nerva, en la que literatura y pintura se unen bajo el baluarte de la solidaridad. Un total de 16 escritores y 16 pintores, unidos hacia un mismo fin: ayudar a la causa solidaria de Lidia, la pequeña niña onubense que padece una enfermedad rara, - el Síndrome de Fraser-, que se evidencia en ella través de una grave malformación física ocular y que requiere numerosas y costosas intervenciones quirúrgicas. La Cuenca Minera, y en especial Nerva de donde proceden los padres, lleva meses volcada con la pequeña y continuamente se organizan todo tipo de actos a beneficio de la causa #todosconlidia

De esta manera, y con una cuidada edición, el libro La sonrisa de Lidia recoge una colección de relatos cortos ambientados en la singular comarca minera e ilustrados por pintores locales donde el lector, con la misma ilusión que un niño, se sumergirá en leyendas históricas con elementos reales del pasado, viajando por los senderos inexplotables de la propia imaginación o incluso rebuscando un lugar que permanecía oculto y semiescondido entre los recuerdos de la niñez. Y todo bajo un mismo denominador común de tan sólo cinco letras, LIDIA.

Con el prólogo del Premio Nacional de Música e hijo predilecto de Nerva, el pianista Javier Perianes ilustrado por el profesor de Arte, José Carlos Lancharro, entre las páginas del libro se suceden letras y pintura con las siguientes rúbricas: Carmen Alcázar y Ángeles Cadel; Natalio Blanco y Juan Barba; Francisco Javier Campos y José Ángel Bermejo; José Enrique García Sevillano y Leticia Zamorano; Julián Granados y Mar Ruíz; Juan Carlos León Brázquez y Antonio León; Vicente y Miguel Ángel León Brázquez; José Luis Lozano y Laura Cirilo; José Orihuela y Ángela Arias; Alfredo Manuel Pastor y Jesús del Toro; Francisco Peregil y Elena León; Manuel Mayorga y Rocío Dorado; Rafael Mayorga y Diego Olivera Cuéllar “Diyo”; Vanesa Navarro y Vicente Toti; y Juan Francisco Román y José Francisco Pascual.

Desde la gala especial del pasado martes, -que fue presentada por los televisivos Pilar Salazar (Pequeños Gigantes) y Maik Alexandre ('Se Llama Copla) junto con la intervención de algunos de los autores del libro y la presencia de la pequeña Lidia y su familia-, ya se han vendido cientos de ejemplares. El precio del libro La sonrisa de Lidia es de 12 euros y ya está a la venta en las principales librerías de Nerva. Asimismo, también se puede adquirir a través del blog http://lasonrisadelidia.blogspot.com.es.


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Acto: Presentación del libro 'La sonrisa de Lidia'
Fecha y Hora: Domingo 21 de diciembre, 13 horas
Lugar: Sociedad Círculo Comercial Mercantil Avda. Andalucía s/n, Nerva, Huelva


martes, 11 de febrero de 2014

El hundimiento del Albatros

Por distraerse, a veces, suelen los marineros
Dar caza a los albatros, grandes aves del mar,
Que siguen, indolentes compañeros de viaje,
Al navío surcando los amargos abismos. (...)
Charles Baudelaire. Las flores del mal. 
Miró a proa y vio en una de sus esquinas emerger agua a borbotones por un pequeño orificio, casi minúsculo, pero con fuerza inusitada; como si de un manantial joven y vivo tratara. Y su sorpresa fue descubrir que no era la única fisura, sino una más de tantas, y más y más que surgían allá donde miraba: a la derecha del mástil, cerca del timón, en la bancada lateral cercana a los salvavidas reglamentarios... Su barca, Albatros, fue construida por su tatarabuelo, -el más grande de los corsarios entre los piratas que decían las malas lenguas-, le había acompañado en infinidad de aventuras, pero hoy ya hacía aguas por todos lados. Por más que le aconsejaban expertos en navegación, incluso venidos de otros países, con su Albatros seguía empeñado a surcar las rutas más peligrosas y olvidadas en lo mapas y cuadernos bitácoras de los grandes navegantes de la historia; allá donde avistaba costas acantiladas escarpadas y con afiladas rocas rompeolas, allí estaba su embarcación circundando la silueta rocosa en busca de arrecifes más exóticos y extraños, auténticos tesoros venerados a su parecer. Así durante los últimos años se había afanado en arreglar sus desperfectos al paso de los años: achicar agua una y otra vez cuando ocurría alguna avería y en poner parches  y más parches, aquí y allá, eso sí, los más resistentes del mercado y con poderes casi mágicos para remediar los achaques de la embarcación heredada de su familia y así seguir su camino. Pero a estas alturas, ya no le quedaba ni uno de los parches a mano y el fuerte oleaje, explosivo ante sus ojos, ya no perdonaba ni un minuto más. Era tarde para salvar su Albatros;  ya ni a aquellos remotos marines reencarnados en las aves que le daba nombre, -y a los que un buen día de tormenta se encomendaron sus ancestros-, podían protegerlo...
Cuando el olor intenso a sal inundó su nariz puntiaguda, sólo entonces se dio cuenta de que literalmente tenía el agua al cuello y no le quedaba otra que salir a flote y nadar enérgicamente hasta llegar a la orilla o recoger sus aletas, ya lacias, y hundirse en  fondo del océano con su Albatros. 

jueves, 6 de febrero de 2014

El hombre que fabricaba burbujas

"Me quiero y me odio a partes iguales". Blogs20  Minutos 
Sus pies cansados de ciudad recalaron en cualquier banco de parque. Observaba como caía la tarde entre el griterío infantil y el run run cotilla de las madres de los siete ojos vigilantes ante el corre-corre de sus pequeños. Él pasaba inadvertido en tal escenario pese a su aspecto dejado y maloliente, como si su atuendo fuera ese que se cosió siendo no mucho mayor que los protagonistas de la escena: la capa de don Invisible.

Sin embargo, de repente él sí advirtió la presencia de alguien a su lado. Sí, al fin alguien compartía su asiento de hierro. Se relajó y lo disfrutó, a sabiendas de que lo que vendría  sería uno de esos instantes mágico de vida en el que él y sólo él sería el único público asistente. La desconocida, agotada de juegos, paseos y demás cuidados de madre, trataba de retener cerca del banco a su pequeño que se afanaba por soplar y soplar en el típico pompero de colores que su papá ganó en el tirapichón de las últimas fiestas del pueblo. Faltaba jabón y faltaba agua, poco le importaba. Ni siquiera sabía qué eran esos ingredientes necesarios para que salieran las pompas. No desistía, sólo repetía el gesto que hacía poco su mamá le enseñó. Y a ella se dirigían todas sus miradas y sus palabras de media lengua para que le arreglara el sorprendente artilugio mágico. Una y otra vez agitaba el pompero, cada vez más fuerte, el payaso de la etiqueta arríba, el payaso abajo... Y nada. Apenas salía del aro expendedor una viruta jabonosa de los restos de la mezcla.
-"Mamá no popas, sa' oto. Maaammáaa, no volan bubuja"..

No, pequeño,no. En estos tiempos de crisis y mentiras, de prisas y desencanto, de  playstation y redes sociales, cierto, ya no vuelan burbujas...- pensó él entonces y se marchó del parque como llegó, inadvertido y en silencio, sin que nadie echara de menos su presencia.

Esa noche apenas pudo dormir. Daba vueltas y más vueltas... "No vuelan burbujas", retumbaba en su mente. Tenía que hacer algo. Creía firmemente que las burbujas eran necesarias, él mismo la necesitaba como salida a la situación precaria por la que pasaba desde que vagaba entre fantasmas semejantes por las filas del INEM. En esas andaba, cuando de un respingo se levantó de la cama y se puso a trabajar en su garaje, no sin antes limpiar el moho que tenían sus herramientas. Dibujó una especie de croquis, al final casi ininteligible por la multitud tachones y más borrones que llevaba, pero al fin obtuvo la fórmula de su invento. Sólo le faltaban los materiales para fabricarlo, ¿cómo lograrlo sin un duro? Muchos de sus vecinos habían denunciado en multitud de ocasiones su habitáculo lleno hasta arriba trastos viejos,  papeles, mantas viejas... y todo lo que recogía de los cubos de basura, todo lo que la sociedad consumista deshecha entender le sería útil algún día - aunque ahora no sabía muy bien para qué. A su paso, cada día sus convecinos y demás conocidos murmuraban lo más que predecible, que era un pobre hombre "levantado de la cabeza", ido desde que perdió su trabajo y a su mujer, y al que el Díos griego Diógenes lo había atrapado en sus redes.
Había llegado el momento de usar mucho de lo que guardaba en su garaje, insospechado taller. Durante dos noches, nuestro personaje se llevó haciendo pruebas y eligiendo los mejores materiales para su invento. Y entonces, siguiendo con los griegos, exclamó: ¡Eureka, burbuja! Ya la tenía: translúcida pero lo suficientemente dura para soportar envistes venideros, ligera de peso pero proporcional a su tamaño, con capacidad para volar por las nubes o rodar por la tierra, -a gusto del consumidor- y con una compuerta con código digital por la que introducirse. Estaba realmente exhausto pero feliz: lo había logrado, ya tenía su burbuja dispuesta para volar.

Bajo un sol espléndido,en la mañana salió a pasear en su burbuja. Los viandantes lo miraban extrañados y le preguntaban qué era aquello que había fabricado. "Es una burbuja a prueba de los golpes de la vida",explicaba orgulloso. Pronto llegaron a  su taller peticiones y más encargos de muchos de los que antes lo tildaban de loco. Corrían malos tiempos, los peores recordados en siglos, y la gente quería y necesitaba de las burbujas. En poco tiempo, proliferaron las burbujas por toda la ciudad, pronto por la provincia y más allá de las fronteras nacionales. Sus ingresos aumentaron considerablemente en poco tiempo y no paraba de fabricar burbujas, no daba a bastos, hasta tuvo que contratar personal que lo ayudara dada la demanda. Todo era sencillamente perfecto, o al menos eso se pensaba: feliz cada cual se protegía en su burbuja de lo que pasaba a su alrededor. Pero claro, siempre surge,-más tarde o más temprano-un pero: en esta ocasión la contraindicación de su invento no era otro que la soledad, el aislamiento, la incomunicación entre familias, amigos, padres e hijos: ya no estabala estampa del principio: los chiquillos jugueteando en el parque y sus madres cuidadoras cotilleando, pero pendientes de sus movimientos;, ya ni se veía ni se sentía esa emotiva ternura madre e hijo porque nada más dar a luz al bebé se le introducía en una burbuja propia para protegerlo... La gente moría sola sin pena ni gloria,  la existencia era cada vez más anodina...

Al cabo del tiempo, como era de esperar el negocio se vino abajo. En su taller, el hombre que fabricaba burbujas se vio obligado a colgar el cartel de "Cerrado. Ya no vuelan burbujas". No, ya no. ya no vuelan - reflexionaba nuestro protagonista- pero cuántas veces en la vida sentimos la necesidad de construirnos nuestra propia burbuja para pasar un tiempo y apartarnos de todo...pero cuán es el precio que pagamos al introducirnos en ellas. Demasiado alto, - aseveraba- un vuelo demasiado alto, a demasiados pies del suelo con una más que probable caída mortal...

Y volvió al mismo banco del parque del comienzo con su ropa roída y su disfraz de don Invisible. Varios pequeños competían echando pompas a volar por doquier, reían y soñaban mientras el esférico jabonoso se desvanecía en el aire, hasta que sus ojos no alcanzaban a ver o hasta que simplemente chocaban con las nubes, el sol o más bien las frondosas copas de los árboles...


lunes, 27 de enero de 2014

De luces, acción y... destiempos

La mano de  E.T
"Su dedo largo y huesudo apenas atinaba a rozar el esférico que antte sus ojos de huevo saltones giraba y giraba,  sin parar ni un segundo, muy muy rápido, casi a la velocidad de la luz, curiosamente la misma luz por la que había viajado tantas y tantas veces hacia el planeta Tierra desde su casa, la que ahora añoraba y a la que no podía ni sabía cómo volver. Y no, no podía. No podía parar la bola del mundo para hacerlo suyo aunque fuera una décima de segundo para asentarse en ella, para sentirse dentro del tiempo, ese tiempo loco, de chasquidos incontrolables, que obsesionaba a sus habitantes estresados". (Microrelato creado por Carmen Alcázar)
Llamando a la mujer acción... Escucho de Alejandro Sanz... Pero no. Hoy, no. Puede que haya días, incluso horas, en que yo misma me autoanalice y me venga arriba, capaz de comerme el mundo y enfrentarme  a lo que sea que venga  y al ritmo que requiera la ocasión para cualquier asunto vital . Pero hay otros, - y supongo que esto nos pasa al común de los mortales en algún momento de nuestra existencia- que como hoy nos paramos a pensar demasiado con la consecuencia de, al final del día, la mañana o la hora, sentirnos incapaces de hacer siquiera de nuestro mundo, eso, sencillamente nuestro. No, no me refiero a lo que muchos estáis pensando, particular y concreto de este momento preciso; hablo más bien de una mirada general, corriendo incluso años a través por lo que me queda por vivir. Sí, lo sé, pensaréis: ¿crisis de los 30? Tal vez...

Sea como fuere: que no, que no me siento preparada para todo lo que está por venir. Mis dedos,como los de la extraña criatura de mi  fantasioso relato de arriba no atinan a agarrar el mundo, mi mundo, para decir "ea! aquí estoy, y aquí me bajo, o vamos a ver qué se puede hacer, voy a tirar por aquí o allá, espera y me lo pienso un rato o dos...". No, no puedo. Mi mundo la mayoría de las veces gira más rápido de lo que yo misma soy capaz de hacerlo correr.

Y mira cómo corre, qué cobarde es el tiempo... No sé si algún físico o científico con valor bombilla tendría la respuesta a la ecuación de espacio y tiempo a la que me refiero, porque si echo la vista atrás me planteo, reflexiono, me asusto incluso al ver cómo en tan corto espacio de tiempo mi esférico,- si diriáse que es azul, claro, cómo no iba a serlo-, ha podido girar tan deprisa, sin darme apenas cuenta, sin que mis ojos parpardearán a la llegada de esa luz dentro de ese tiempo que se evapora, sin más, que pasa por mi vera y yo sin atraparlo en mis huesudas manos. O pasamos. Sí, sí, pasamos nosotros por esa línea de tiempo imaginaria que solemos hacernos los humanos para intentar controlarlo. Así pues yo estoy en un punto llamémoslo "x" del tiempo, de mi tiempo, concretamente -y lo mires por donde lo mires- en un punto "x" crucial del mío, en un punto que lo ha de cambiar todo: desde el color de la luz hasta mi conciencia del puñetero tiempo. Pero, ¡ojo!: en ese punto mío "x" crucial no hay tiempo de adaptación posible, todo, - y ahora si que hablo de ese algo en particular que sabéis los que me conocéis-  llega rápido y veloz, a prisas, sin tiempo de ver si valgo o no por mucho que crea que me he estado preparando para ello. Ahí sí que puedo ya concluir con una misiva imploratoria de esperemos que el instinto, -el humano y el animal- eche el resto. 

Y así se pasó la tarde... y es febrero...  Sí, loco mes el que se avecina y de muchos frentes abiertos, pero evidentemente, no queda otra:  para lo demás, para lo general y para lo extenso del vivir y del sentir, seguiré intentando que mis dedos huesudos lleguen a tocar algún punto de equilibrio en la ansiada bola y así, al menos, aún sin poder parar su giro, pueda sentir mi vida rodada a tiempo. 

domingo, 23 de diciembre de 2012

Sobre la vida efímera de una lata de refresco

" La lata de los Yankis".- Detalle del cuadro 'El Juicio final' de Martín Gálvez 
02.00 h. El nacimiento.- Viste la luz procedente de la maquinaria de la gran multinacional al calor de los rodamientos bien engranados a fuerza de años de investigaciones, mejoras y muchas inversiones de tiempo y  dinero y muchos intereses creados dentro de los más variados mundos de Yupi: suponías para muchos la panacea de las latas de refrescos, la que salvaría al mundo de esa llamada Coca-Cola que se bebía hasta en el metro cuadrado más remoto del planeta.
06.00 h. Primer destino.- Tu primer destino estaba escrito y firmado en el contrato pre-comercial: lucirías tu esbelta silueta en las estanterías centrales de uno de los supermercados de la cadena alimentaria de moda en una ciudad cualquiera. Tu revestimiento era sencillamente espectacular, nunca visto y nunca creado por otros, eras única y grande, y así te verían todos los que seguro se te acercaran para sacar una posible tajada si la cosa iba como se preveía. 
08.00 h. El acomodo. Así las cosas, todo debía estar estaría preparado y cuidado estratégicamente para   realzar tus cualidades: a tu alrededor sólo y exclusivamente se expondrían posibles productos complementarios, nunca de la competencia ni otros que te hicieran el más mínimo atisbo de sombra; serías con toda seguridad el producto estrella de estas fechas así que los carteles anunciarían tu llegada a bombo y platillo por todo el local e incluso serías presentado con una música original compuesta exclusivamente para ti por algún artista famoso.
10.00 h. Se abren las puertas. Desde tu atalaya viste pasar cientos de amas de casa  con pequeños, solteros despistados, encartujados con prisas, niños jugueteando por el pasillo... que al acercarse a tu extravagante escenario se quedaban embobados, maravillados y absortos ante esa luz que desprendías no sólo por tus brillantes colores de la lata sino por la gran esfera de espejos que se cernía sobre tu cabeza. 
22.00 h. Éxito.  Ya pasó el primer día de tu inclusión en las cestas de la compra fue de un éxito incalculable para los estadistas y demás comerciales de la Compañía. Nadie en su sano juicio hubiera podido pensar que se llegaría a acabar con todas las existencias, incluso las mundiales y más allá,  y mucho menos en tan sólo un día. Y en ese corto espacio de tiempo fuiste tildada como" la bebida más comprada, comercializada y vendida de la historia de la Humanidad", y así lo anunciaron incluso en todos los medios de comunicación habidos y por haber.
24.00 h. Anales de éxito. Sin embargo, la compañía en ese mismo momento se sentó a analizar y valorar los resultados obtenido con su nueva lata de refresco. Vio las posibilidades que le ofrecería seguir un día más con ella: la tendencia decía que este despegue podría caer el segundo día. Se estudiaron modas, posibles cajones y con otros abalorios, pero finalmente, los principios de la rentabilidad se impusieron y se los directivos de la Compañía se decidieron por seguir innovando y creando otros productos nuevos de moda. 
02.00 h. Muerte anunciada. En apenas 24 horas estabas fuera de todo y de buenas a primeras tu muerte estaba más que anunciada: pasarías tal vez unos días en el frigorífico de alguna que otra familia, al abrirlo cada día serías admirada por cada uno de los integrantes de la casa por tener en su poder esa codiciada bebida en un momento determinado y efímero. Al paso de los días y con el peso de  las nuevas promociones serías una más en la balda de las latas hasta que alguien decidiera por sed o simple aburrimiento a alcanzarte y absorberte toda,  con o sin cañita hasta dejarte seca, y entonces, ya vacía estrujarte y hacerte un amasijo de lata luego, para simplemente darte una patada directa hacia el cubo de basura. 

lunes, 17 de diciembre de 2012

Timba chapapote


'Los jugadores de cartas', Paul Cezanne (1890)
Mientras tuvo alas, no quiso despegarlas del suelo y ahora, irremediablemente estaba embadurnado de aquel chapapote o gelatina negra viscosa que parecía inmovilizarlo desde temprano cuando los escuchaba un día tras otro: la melodía de su paso hacía tiempo que no era distinta a los murmullos inteligibles, las risas desternillantes y los resuellos sin ton ni son cada vez más intensos y que zozobraban su caminar para el resto de día. Y los miraba todo el tiempo, aunque fuese de reojo, gestos y más gestos a escondidas sin esconderse ya lo más mínimo, conversaciones disimuladas entre palabras claves indescifrables a sus oídos y los dedos índices que a hurtadillas no hacían más que  apuntarlo como objetivo de la diana. 
Allí. en aquel cuartucho insalubre de un tugurio cualquiera con timba nocturna clandestina, era consciente de que no se trataba esta vez de una partida más de póquer y de que de sus cartas y los ases bajo su manga  ya vacía dependerían el resto de las horas que le quedaba de vida. Era su turno y permanecía inmóvil, sin pensar con claridad. Estaba cansado, muy cansado, sin fuerzas ya para dar el puñetazo en la mesa, mandar todo y a todos al más lejano carajo, y volar...Y volar aunque tan sólo fuera a poca altura y con las escasas plumas que le quedaban.
Acaso la luz lúgubre de aquella indecente estancia era la idónea para pensar que tal situación le venía derivada de algún tipo de trastorno de psicosis maníaco depresivo que sufría, acentuado en las últimas  semanas y dadas las circunstancias... 
O acaso no y  fuera tan así.
"Hagan juego, señores..."- escuchó entonces. 
Ahora sí, era un todo o nada, producto de su activa imaginación. 

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Muerte por fallo de comunicación

'El momento sublime' de Salvador Dalí (1938)

- Hola, s... mm
- Deje su mensaje después de la señal. [Piiiii]
-  Soy yo. Ya estoy aquí. Quería contarte algo importante.Te llamaré más tarde....
...
- Hola, [grrrrrrrrrpssssss...]Estás ahí... ¿me escuchas?
- La línea se encuentra colapsada en estos momentos. Por favor, inténtelo más tarde.
...
- Oye que lo intento de nuevo. [Piiiii] Hola?? Estás ahi? Ay, parece que no estás. Pues verás te dejaré un mensaje, qué le voy a hacer: no sé si sabrás que fui a aquella cita que te comenté y que al fin hablé con quien te dije. Su opinión no dio lugar a dudas y  me gustaría saber si puedo contar contigo para esto. Bueno, te llamo en un rato.
...
- ¿Hola? ¿Estás? Llevo una semana hablando con tu contestador automático. Ya no sé qué pensar. ¿Te encuentras bien? ¿Acaso has cambiado de teléfono y no me has avisado?.... Necesito tu ayuda, de verdad, es vital. Si escuchas esto, por favor, llámame.
...
- Llevo más de un mes intentándolo. Y no me queda más tiempo, ya te comenté. Te necesitaba, era importante, necesitaba unos cuantos litros de sangre,de la tuya, la única compatible del mundo; era a vida o muerte, pero no hubo manera humana ni digital de localizarte por ninguna de las vías posibles. Se ve que al final falló la comunicación.  Ayyyy....llegó mi hora. Gracias por todo, amigo. [Piiiii]

viernes, 7 de diciembre de 2012

Campo de fiambres

"El triunfo de la muerte" Pieter Brueghel el Viejo (1525, Breda o Bree-1569, Bruselas)
De un impulso agarró aquella cabellera negra  y rizada ya inerte y trepó hasta arriba, sigilosamente y con extremo cuidado de no resquebrajarla en un tirón más fuerte de la cuenta. Cuando se incorporó de un respingo, continuó con decisión hacia delante con sus anteojeras auto-creadas para la ocasión, evitando así mirar el horror que le rodeaba,  para no espantarse en su cometido, y sólo seguir aquella zanahoria imaginaria prometida por sus jefazos venidos a menos, y ahora ya muertos. 
Bajo sus pies sólo sentía el crac al pisar las cabezas maltrechas de aquellos cadáveres que yacían en aquel campo fiambre tras la última batalla, la más cruenta que se recordaba en el lugar. Corría y chapoteaba con cierto regocijo entre los charcos de sangre y al poco,  sus viejos vaqueros estaban salpicados de lunares deformes que emanaban a borbotones a su paso. Poco le importaba ya. Para su suerte - o su desgracia, quién sabe...-, era el único superviviente de aquella engalanada división azul y, a estas alturas, lo había perdido todo en aquella última noche obscura; sí. en ese instante fue cuando le extrajeron su corazón de un corte seco y limpio con aquel punzón de hierro ardiendo para depositarlo en un cofre frío de chapa plateada mate.
Y esa era su meta:  llegar al lugar preciso y justo en la hora estimada para alcanzar el último tren de diligencia atracado por los malos de la  película a lomos de ese caballo siempre tardo y en  cuyos serones, él  imaginaba que habían transportado su latente motín.