La guerra de Irak sigue siendo actualidad, y sin duda ha marcado un hito en la historia del periodismo de guerra; los periodistas han jugado un papel bastante importante en ella. Francisco Peregil a sus 36 años, es redactor de El País desde hace 14. En el 2003 viajó como enviado especial a Bagdad. Además de su labor como reportero, este periodista nervense no olvida su verdadera pasión: la literatura; así ha escrito la biografía Camarón de la Isla. El dolor de un príncipe, y las novelas Dulce como la hiel de tus labios y Era tan Bella (Mención especial del Premio Nadal). Su último libro no podía ser de otra forma, su experiencia como Reportero en Bagdad (Planeta, 2003). Pero sin duda alguna, lo que realmente asombra es su calidad humana, su pasión por la profesión, y sobre todo su humildad y simpatía con que trata a los que acuden a él ante cualquier problema.Francisco Peregil: Mi pasión es la lectura. Es mucho más que una afición. Después de eso, en efecto, viene el fútbol, los bailes latinos y la guitarra. Pero la guitarra es algo que he descubierto sólo hace poco más de un año. Siempre me ha gustado oírla, pero por fin me decidí a aprenderla. Esto del periodismo es una profesión muy absorbente y siempre conviene ensanchar el horizonte.
C. A.: Y, supongo que fue un verdadero lujo hacer la biografía de Camarón, ¿cómo recuerdas a Camarón?
F. P.: La empecé y la terminé cuando yo tenía 25 años. Fue un verdadero esfuerzo porque tenía que sacar el tiempo de mis ratos libres. Y el mundo del flamenco es muy cerrado. Camarón era para mí algo totalmente desconocido y cuando te acercas a algo desconocido siempre te quedas con un sabor agridulce.
C. A.: ¿Por qué elegiste ser periodista?
F. P: Para aprender a escribir. Yo tenía muy claro que mi pasión era la literatura. Y que el periodismo podía servirme para aprender a escribir. Creo que la segunda carrera que puse como opción fue Filología.
C. A.: Supongo que has tenido que trabajar muy duro para conseguir estar en El País, ¿fueron muy duros tus comienzos en los medios?
F. P.: Yo tenía una ansiedad tremenda por empezar a trabajar, por hacer prácticas. Y estaba muy difícil la cosa. Envié como cincuenta cartas a todo tipo de periódicos. Al final, en quinto curso, por las notas me salieron dos cosas a la vez: prácticas de verano en TVE española y en un periódico económico que se llamaba La Economía 16. Escogí La Economía, con tan mala suerte que cerró ese mismo verano. Entonces me presenté en el mundo y empecé a colaborar. Me hicieron contrato al cuarto mes y cuando llevaba seis me llamaron de El País. De eso hace 14 años. Y aquí sigo, esperando a que me echen.
C. A.: La profesión periodística ha estado muy mitificada desde siempre; quizás hoy en día esté un poco desvirtuada, ¿Cómo ves actualmente la profesión periodística?
F. P.: Creo que hay de todo. Estoy leyendo un libro de Balzac que se titula las Ilusiones Perdidas y te habla del periodismo en Francia allá por 1819. Creo que la cosa ha mejorado bastante desde entonces. No hay que confundir la gente de “Aquí hay tomate” y todas las salsas del mundo con los profesionales del periodismo, por más que a ellos mismos se les llene la boca diciendo que son periodistas.
“El periodismo es una profesión muy absorvente, siempre conviene ensanchar el horizonte"
F. P.: Jugando de delantero centro en el Real Madrid. Pero hay un tal Ronaldo que creo que tiene enchufe y lo tengo crudo
F. P.: Lo peor es que lo devora todo. Le puedes echar a este trabajo toda la energía del mundo, toda la ilusión, la creatividad, las ganas y que todo eso se traduzca en grandes exclusivas y grandes reportajes, en reconocimiento. Pero un día, una semana o un mes, por cualquier cosa, cambian las tornas y de repente cualquier excelente periodista se puede ver relegado, arrumbado en el último rincón de la redacción, como si nada de lo que hizo valiera. Le puede ocurrir a cualquiera.
F. P.: Uff… pues varios que me dieron a mí: Iñaki Gabilondo en una entrevista que le hice cuando estábamos en primero de Periodismo me dijo: “Hay periodistas que confunden el poder con la cercanía al poder. Y no es lo mismo. Uno puede entrevistar varias veces a alguien muy poderoso y la relación puede ser amistosa, pero él está en un sitio y el periodista en otro”; y por otro lado, José Luis Garci tenía un programa de radio que se llamaba “Luna de miel”. Una noche llegaron unas chavalas que estudiaban periodismo para entrevistarle y él permitió que la entrevista fuese en directo, en abierto. Y al final le preguntaron también por un consejo y él les dijo algo así como que intentaran siempre se humildes y tratar a la gente con la misma sencillez que él había intentado tratarlas a ellas.
F. P.: Nunca pensé en ser corresponsal de guerra. Mi afán siempre fue estar donde haya cosas que contar. Pero no quiero ir por la vida a lo Indiana Jones, como uno de esos tipos que parecen que se dejan barba de tres días para encenderse en ellas las cerillas. No soy un tipo duro ni pretendo serlo. Simplemente, reportero.
F. P.: La verdad es que de las mejores cosas que te pueden suceder en tu trabajo es tener buenos compañeros. Y lo peor es tenerlo malos. Creo que es bueno desarrollar ciertos reflejos para huir de las malas compañías y los malos hábitos.
F. P.: Cuando tienes trabajo por delante ese trabajo te protege. Yo pensaba en la crónica del día siguiente, en cenar con mis amigos por la noche… No me planteaba abandonar…. Entre otras cosas porque cuando empiezas la guerra tampoco hay un camino expedito para salir corriendo.
F. P.: Muy entrañable. Pero creo que en este año han cambiado mucho las cosas y ese sentimiento de afabilidad ya no es igual.
F. P.: Cada vez estoy más enamorado de este país y de su gente. Cada vez más.
F. P.: El periodista trae el dinero a casa, pero el otro no se resigna a jugar su papel de segundón. Y andan, a la greña



